Sheynnis Palacios: “Miss Universo no se trata de ser la mujer más bella del mundo, es romper barreras y ser portavoz de las mujeres” 

Escrito por: Mariana Bechara, Fotógrafo: Jorge Duva, Digital Tech: Gazdigi, Maquillaje y Peinado: Gio Moros Miami, Estilismo: Gio Moros Miami & Saks Fifth Avenue,  Locación: Esca Productions, Asistente de estilismo: Claudia Sánchez, Asistente de fotografía: Johan González Pérez 

Sheynnis Palacios ha vivido la vida en todos sus matices. Ha pisado los escenarios internacionales más importantes de la belleza, con los ojos del mundo sobre ella, y también ha conocido las dificultades de nacer sin privilegios. Pero cuando las luces del escenario se apagan, emerge una versión más reveladora que cualquier imagen de gala: hija de madre soltera, trabajadora y profundamente sensible. Más allá del certamen que la coronó Miss Universo 2023, existe la historia de una mujer transformada por la vida y decidida a transformar a otros. 

Su historia comienza en Nicaragua, no como una niña que soñaba con coronas, sino como una joven que anhelaba algo más simple y, a la vez, complejo: ayudar a su familia. “Crecí con limitantes económicas, eso fue mi mayor motor para cambiar la historia de mi vida. Encontré en los certámenes de belleza la plataforma que me iban a ayudar a salir adelante”, recuerda.  

No es ajena a la escasez ni a la incertidumbre que trae el mañana. Durante años compartió una pequeña habitación con su mamá, abuela y hermano, pero esas cuatro paredes le enseñaron más sobre fortaleza y amor que cualquier manual de éxito. “Crecí rodeada de mucho amor”, recuerda de una infancia donde el afecto compensaba las carencias materiales. También aprendió observando el sacrificio: “Vi a una mamá soltera sacrificarse para poder brindarle a sus hijos lo mejor que podía dar en esos momentos”. 

Pero si algo definió su carácter fue la convicción de que el trabajo transforma realidades. Desde su primer certamen entendió que no se trataba solo de vestidos y pasarelas: “no solo es andar en tacones, hay un trabajo bien difícil detrás”. Ese proceso la forjóla joven que no hablaba frente a una cámara comenzó a entrenarse frente al espejo, grabándose, corrigiéndose. “Me ayudó muchísimo a conocerme, esas áreas débiles se convirtieron en mi mayor fortaleza”. 

De esta forma, los certámenes dejaron de ser solo un medio económico y se convirtieron en una plataforma. Triunfó en concursos nacionales e internacionales hasta llegar a Miss Universo, entendiendo en cada paso que su responsabilidad trascendía lo personal.  

Cuando escuchó su nombre como ganadora, el impacto fue inmediato y profundo. Desde el primer día, decidió que su reinado tendría dirección. “Cuando gané la corona, entregué mi reinado a las niñas del mundo, porque creo en el potencial y valor de las niñas y de las mujeres”. Cuando escuchaba a jóvenes decirle que querían ser como ella, su respuesta era clara: “Yo solo les pedí una cosa, que no fueran como yo, que fueran mejor que yo”. 

Durante su año como Miss Universo rompió esquemas al mostrarse auténtica. “La gente vio a Sheynnis, me vieron llorar, reír, bailar, me vieron hacer chistes, me vieron ser yo”. En un entorno que históricamente ha exigido perfección constante, eligió la humanidad. 

Siendo fiel a su esencia, su proyecto social se centró en la salud mental, no como una bandera estratégica, sino como una causa íntima y urgente, asumiéndola desde su propia historia: “Yo tengo episodios ansiosos, tuve pensamientos depresivos”. Nombrarlo en voz alta no fue un gesto calculado; fue un acto de responsabilidad con quienes la miran como referente. Al exponerse, no debilitó su imagen: la humanizó.  

Así transformó el escenario en un espacio de conversación real, donde la vulnerabilidad dejó de ser un tabú para convertirse en puente. “Cuando empecé a hablar de la salud mental muchos empezaron a sentirse conectados, porque no se sentían solos”. Y en esa conexión, honesta e imperfecta, encontró el verdadero alcance de su voz. 

Hoy no se aferra a la nostalgia del título, quiere construir su siguiente etapa, alineada con su propósito personal: convertir sus conferencias en una plataforma sólida y permanente. Los proyectos no han dejado de llegar: viajes, colaboraciones con marcas, nuevas oportunidades, pero su brújula sigue siendo la misma: comunicar. “Quiero seguir haciendo lo que amo, que es comunicar, que es seguir mandando mensajes alrededor del mundo a través de mi trabajo”. 

Su vida ha cambiado, pero su forma de ser permanece. Sheynnis se permite sentir, llorardibuja, orar, bailar. Se describe como “una mujer muy sensible, sencilla…cero superficial”. Ama ayudar, ama a los animales, ama el silencio del mar. Esa es la versión que sostiene a la figura pública. También entiende su historia como un propósito, y el mensaje que desea dejar es claro: “somos el lienzo de nuestra propia historia…mañana es una nueva oportunidad para escribir algo mejor”. 

En el espíritu de Women on Top, Sheynnis no representa solo un título. Representa una manera de estar en el mundo: con resiliencia, integridad y la valentía de mostrarse real. Porque estar en la cima no es un destino; es una responsabilidad. Y ella la ha asumido con la certeza de que su historia no termina en una corona, sino que comienza con cada vida que logra tocar.