Sarah Rivera es chef, experta en gastronomía, estilo de vida y empresaria. Pero antes de todo eso, es alguien que entendió bastante pronto que la comida iba a tener un lugar importante en su vida, aunque en ese momento no lo llamara así.

Nació en República Dominicana y creció en una familia donde cocinar no era algo elaborado, sino parte natural del día. “La comida era amor, familia y tradición”, dice. A los 11 años se mudó a Nueva York junto a su madre, y ahí empezó a desarrollar una curiosidad más concreta: pasaba horas viendo programas de cocina en televisión, más por interés que por plan.
El siguiente movimiento fue Miami. Y ahí sí hubo un cambio claro.
“Fue aquí donde comencé a cocinar, a preparar mis propios platos y a descubrir mi pasión”, cuenta. La ciudad terminó de armar el rompecabezas: sus raíces dominicanas, la influencia de Nueva York y una vida en Miami que ya supera los 18 años. Todo eso hoy se refleja en su cocina y en su forma de vivir.
Antes de consolidar ese camino, hubo una etapa en el modelaje. Empezó joven y eventualmente llegó a Miami para participar en el Miami Fashion Week. La conexión con la ciudad fue inmediata. “Me recordó muchísimo a mi país, con la playa, las palmeras y su gente”.
En ese momento también empezó a prestar más atención a su alimentación. Lo que comenzó como una necesidad dentro del modelaje terminó siendo un punto de inflexión. “Ahí volví a conectar con la cocina… dejó de ser una necesidad para convertirse en pasión”.
Ese proceso desemboca en Sarah Rivera Kitchen & Lifestyle, su marca personal, donde mezcla gastronomía y bienestar sin caer en fórmulas rígidas. Su enfoque es bastante directo: encontrar un balance real. “Las dietas son muy estrictas… el truco está en encontrar algo que funcione para cada persona”.

Cuando habla de “comer bien”, no lo plantea como una regla universal. “Es volver a lo simple”, explica. Elegir alimentos frescos, escuchar el cuerpo y mantener cierta consistencia sin obsesión. También hay algo importante en no perder la identidad: adaptar la cocina latina sin dejar de disfrutarla.
Esa misma línea se siente en su programa Sabor Tropical con Sarah Rivera. Más que un show de recetas, es un espacio donde la comida sirve de excusa para conversaciones más personales. Por ahí han pasado nombres como Kike Santander, Kinito Méndez y Marlow Rosado, en charlas que se sienten más cercanas que producidas.
“Quiero que la gente se conecte, no solo con la comida, sino con los recuerdos”, dice.
La memoria, de hecho, es clave en todo lo que hace. Su línea artesanal “Sazón Gourmet by Sarah Rivera” nace de una receta familiar: los sabores únicos que preparaba su mamá. Desde muy pequeña, se metía a la cocina con ella, observando, aprendiendo y replicando esos sabores que hoy son su esencia. “Yo le decía: algún día vamos a vender este sazón”.
Su plato favorito lo resume todo: el sancocho dominicano. No por técnica, sino por lo que representa. Es un plato que convoca, que marca momentos, que tiene historia.
A lo largo de su carrera ha trabajado con distintas figuras de la cultura latina, experiencias que —según cuenta— le han ayudado a ampliar su visión sin perder su base. También le han exigido evolucionar.


Como empresaria en Miami, reconoce que el reto principal ha sido sostener su identidad en un entorno competitivo. “Crear una marca auténtica requiere claridad y disciplina”.
Cuando piensa en lo que quiere transmitir, no habla de posicionamiento ni de números. Lo aterriza más: “que la gente sienta el amor del hogar… como si estuvieran en casa”.
Ahora está enfocada en crecer. Nuevos productos, más contenido y experiencias que sigan conectando con su comunidad. Pero sin cambiar demasiado la esencia.
Porque si algo tiene claro, es de dónde viene. Y eso, en su caso, no es negociable.


