Renata Lozano: La niña que jugaba con retazos y convirtió la intuición en su mundo creativo

Hay historias que comienzan mucho antes de ser contadas. Para Renata Lozano, comenzó con una intuición y sensibilidad que, sin ser muy consciente de ello, siempre le marcaron el camino. Antes de entender qué significaba el diseño de modas, ya estaba rodeada de telas, hilos y formas. Creció en Cali, Colombia, en medio de una herencia familiar profundamente ligada al mundo textil, donde la creación no era una idea abstracta, sino una presencia constante, casi inevitable.

Su abuelo fue fundador de una reconocida marca de vestidos de baño en Colombia, y aunque las dinámicas familiares cambiaron con el tiempo, el universo de la confección siguió orbitando cerca. “Siempre estuve en contacto con los hilos, con las telas… con lo visual, con lo estético”, recuerda. Esa cercanía temprana despertó una manera de habitar el mundo: explorando, interviniendo, imaginando.

Desde muy niña, Renata encontraba en los retazos una posibilidad. Jugaba a crear vestidos para sus muñecas, transformaba lo que tenía a mano y, sin saberlo, empezaba a entrenar una mirada. A sus 15 años, esa curiosidad se convirtió en una forma de expresión más definida: intervenía su propia ropa, la desarmaba y reconstruía.  “Mi mamá decía que estaba dañando la ropa, pero yo era una exploradora permanente”, recuerda entre risas.

Esa misma intuición fue la que, años después, la llevó a tomar decisiones que no necesariamente respondían a lo esperado. Mientras otros sugerían caminos más convencionales, como la arquitectura o la ingeniería, ella tuvo claridad. “Yo dije: a mí me gusta el diseño de modas, yo creo que eso es lo mío”. Y lo siguió.

Comenzó a formarse desde muy joven, durante el día asistía a la escuela y en las noches estudiaba modistería: no solo estaba aprendiendo una técnica, estaba confirmando una certeza interna. Al graduarse, decidió profundizar aún más y viajó a Italia, donde estudió en la Accademia Costume & Moda en Roma. Ese momento marcó un punto de inflexión. “Fue validarme todavía más como ese propósito que yo tenía en la vida”, afirma.

Mirando hacia atrás, hay algo que se mantiene constante en su relato: la coherencia con su instinto. “Siempre estuve en armonía. Siempre escuché quién era yo”, dice, reconociendo que esa conexión ha sido uno de los pilares más importantes de su camino. No como una fórmula, sino como una forma de vida.

Su regreso a Colombia no estuvo exento de incertidumbre. En un contexto complejo, decidió empezar desde lo más básico: una oficina, muestras en mano y visitas a conocidas. “Empecé a maletear, literal. Iba a las casas, mostraba lo que estaba haciendo”. Fue un proceso orgánico, construido desde la cercanía, que poco a poco fue abriendo puertas. Su primer gran momento llegó con el Cali Exposhow, donde debutó oficialmente y fue reconocida como mejor diseñadora. A partir de ahí, su presencia en escenarios como Colombiamoda consolidó una carrera que, con el tiempo, se ha mantenido vigente y en constante evolución.

Pero detrás de la diseñadora hay también una empresaria que ha aprendido a navegar las complejidades del crecimiento. “Diseñar es solo un 30% de lo que hago hoy”, explica. El resto implica liderar equipos, entender números, tomar decisiones estratégicas. Es un equilibrio que no siempre resulta natural para alguien con una esencia creativa, pero que ha sabido asumir como parte del proceso. “Si la empresa no funciona, el sueño no se puede sostener”.

Esa dualidad entre creatividad y estructura también se refleja en su visión del diseño. Lejos de pensar en una mujer única, Renata observa la diversidad y se inspira en la vida cotidiana, en los distintos roles que una mujer puede habitar. “Veo a la ejecutiva, a la mamá, a la deportista, a la artista… todas tienen un pedacito”, dice. Esa mirada se traduce en lo que define como un “clóset inteligente”: piezas pensadas para acompañar, para adaptarse, para ser parte real de la vida.

Su enfoque no está en el exceso, sino en la conciencia. En elegir bien, en crear prendas que generen bienestar, que se sientan bien en el cuerpo y en la cotidianidad. Hay un cuidado especial por los detalles, por los materiales, por aquello que no siempre se ve, pero que se percibe. “Tu belleza interior es tu mejor look”, afirma, y esa filosofía atraviesa su trabajo de forma sutil pero constante.

A lo largo de los años, su marca ha evolucionado junto a ella. Cada colección dialoga con la anterior, cada pieza encuentra su lugar dentro de un todo, pero en medio de ese proceso, hay algo que permanece: su deseo de explorar. De mezclar, de reinterpretar, de no quedarse en lo evidente. “Soy un poco rebelde en ese sentido”, reconoce, con una sonrisa que parece acompañar esa afirmación.

Sin embargo, su vida cambió profundamente con la llegada de su primera hija cuando tenía 40 años. En un momento en el que su carrera ya estaba consolidada, la llegada de Simona, y luego la de su hijo Tiago, transformó su manera de entender el tiempo, las prioridades y el equilibrio. “Uno solo tiene un 100% para dar”, dice con honestidad. En esa realidad, ha aprendido a distribuir, a negociar y a aceptar que no todo puede ser absoluto.

Lejos de idealizar, habla de la maternidad como un proceso complejo, lleno de decisiones conscientes. Para ella, ser una buena madre no implica renunciar a su esencia, sino integrarla. “Mi mejor versión como mamá es cuando también soy fiel a lo que soy”, explica. Diseñar, crear, seguir conectada con su propósito, es parte de lo que le permite estar presente desde un lugar más genuino.

Sus hijos, además, han sido una fuente inesperada de inspiración. Le han devuelto una forma de mirar más libre, más lúdica. “Ellos te traen de vuelta a ser niño”, dice. En su caso, ese reencuentro con la creatividad espontánea ha nutrido no solo su vida personal, sino también su universo creativo.

En medio de múltiples responsabilidades, ha construido rutinas que le permiten mantenerse centrada. Sus días comienzan temprano, con momentos de silencio, gratitud y propósito. “Doy gracias tres veces al día”, cuenta. Practica el ejercicio con disciplina, reserva tiempo de calidad para su familia y protege espacios como el domingo, que define como sagrado. Son decisiones que hablan de una búsqueda constante de equilibrio como un ejercicio diario.

A nivel profesional, sus desafíos continúan. Mantener una empresa en un contexto cambiante, tomar decisiones sobre equipos, encontrar sostenibilidad sin perder la esencia. Pero también hay espacio para lo personal: viajar, descubrir nuevos lugares, seguir alimentando esa curiosidad que la ha acompañado desde siempre.

En el ámbito internacional, su trabajo continúa abriéndose paso en escenarios clave de la industria. En el marco de la tercera edición de Colombiamoda Miami, Renata Lozano asume la pasarela inaugural con una propuesta que refleja su visión de la moda como un ejercicio consciente, donde la estética, la intención y el bienestar dialogan en piezas versátiles y atemporales. Su participación marca un hito dentro de su trayectoria y reafirma el lugar de su marca en una nueva narrativa del diseño latinoamericano.

Al final, la historia de Renata Lozano no es solo la de una diseñadora que ha construido una marca sólida, sino la de una mujer que ha aprendido a escucharse. Ha entendido que crear no es únicamente producir, sino también habitarse. Y que, en medio de los cambios, los retos y las responsabilidades, hay algo que sigue intacto: esa niña que encontraba en un pedazo de tela la posibilidad de imaginar un mundo nuevo.

Escrito por: Mariana Bechara, Fotografía: Yorch Sans