Piso 21: Los sueños que se convirtieron en legado

Antes de los escenarios, las giras internacionales y las canciones que terminarían marcando a toda una generación, Piso 21 comenzó su historia en una terraza de Medellín, Colombia.  No había cámaras, contratos ni millones de reproducciones. Solo cuatro jóvenes que se reunían en el piso 21 de un edificio, con la ciudad a sus pies, mientras compartían canciones, ideas y sueños que aún parecían imposibles.

Piso 21 posa en Miami durante una sesión editorial para Imagen Miami, reflejando casi dos décadas de amistad y trayectoria musical.

Corría el año 2007 cuando una invitación a una fiesta cambió el rumbo de sus vidas. David ‘Dim’ Escobar, Pablo Mejía, Juan David Huertas, conocido como ‘El Profe’, y Juan David Castaño, conocido como ‘Llane’, llegaron allí sin imaginar que aquel lugar terminaría convirtiéndose en el origen de una de las agrupaciones más importantes del pop latino.

Pablo y Dim ya se conocían desde antes y compartían el amor por la música.  De alguna forma, ya venían soñando con algo parecido a lo que sería Piso 21, pero fue en aquella fiesta cuando las piezas terminaron de encajarse. Cuatro historias distintas, cuatro jóvenes que descubrieron que compartían el deseo de construir una vida en torno a la música.

“Alguien dijo que tenía un amigo que sabía cantar. Nos reunimos los cuatro y empezamos a cantar; ahí fue como el primer acercamiento que hubo. Cuando terminó la fiesta, dijimos: ‘Este plan está muy bacano, volvamos a vernos’”, recuerda El Profe. 

Lo que empezó como reuniones de amigos los fines de semana fue tomando otra forma poco a poco. Entre conversaciones, canciones escritas por separado y horas enteras compartiendo música, el ‘parche’ comenzó a sentirse distinto. Ya no era solo un grupo de jóvenes soñando con dedicarse a la música; era el inicio de un grupo que, casi dos décadas después, seguiría encontrando en la amistad una de sus mayores fortalezas.

En ese momento, los sueños tenían la inocencia de la juventud. La música todavía parecía una meta lejana, algo que existía únicamente en los conciertos de artistas como Juanes, a quienes admiraban desde las graderías imaginando que algún día podrían ocupar ese mismo lugar.

Quizá esa sea una de las razones por las que la historia de Piso 21 se siente distinta. Porque nunca fue un grupo construido desde la inmediatez. Antes de los premios, de las giras y de los millones de reproducciones, hubo años enteros de tocar puertas, visitar emisoras, cantar en colegios y recorrer escenarios pequeños donde todavía nadie sabía quiénes eran.

“Cuando estás empezando, sientes que nada suma”, dice Dim. “Todos los días te levantas, vas a una emisora nueva, vas a un colegio nuevo, todos los días cantas, compones una canción, pero crees que eso no está sumando. Solo entiendes que todo estaba construyendo algo cuando finalmente pasa”

Para Piso 21, todo el trabajo sumó y mostró resultados que jamás imaginaron.  Primero fue Medellín; luego la ola se extendió a diferentes ciudades de Colombia. Con el tiempo, llegaron canciones que comenzaron a abrir puertas más grandes, como “Correr el Riesgo”, junto a Maluma, que fue uno de esos primeros momentos en los que dejaron de sentirse únicamente como un grupo local.

Más adelante, “Suele Suceder”, junto a Nicky Jam, terminó por consolidarlos en Colombia y llevarlos, por primera vez, a otros rincones de Latinoamérica.

Sin embargo, hubo una canción que cambiaría todo para siempre: «Me Llamas». Aquella canción no solo se convirtió en un éxito, sino también en la carta de presentación de Piso 21 ante el mundo. “Me Llamas” cautivó a una audiencia internacional, que comenzó a conectar con una propuesta que mezclaba pop urbano, romanticismo y una sensibilidad emocional que terminaría por convertirse en un sello propio.

Curiosamente, mientras la industria comenzaba a moverse cada vez más rápido y las carreras solistas parecían dominar el panorama musical, Piso 21 encontró su mayor fortaleza en seguir siendo un grupo.

Dim, integrante de Piso 21, durante una sesión editorial en Miami para Imagen Miami.

“Hay muy pocos grupos y nosotros seguimos siendo uno”, afirma Dim. “Ese es el 100% de nuestro éxito”. Y no habla únicamente de música.

Porque a lo largo de los años, Piso 21 dejó de funcionar solo como un grupo para convertirse en una familia. Crecieron juntos mientras sus vidas también cambiaban: llegaron las parejas, los hijos, las responsabilidades y la necesidad de aprender a convivir más allá de los escenarios.

“Nos convertimos en hombres adultos después de hacer Piso 21”, explica El Profe. Esa es quizá una de las transformaciones más interesantes de su historia. Los sueños adolescentes nunca desaparecieron; simplemente evolucionaron con ellos. Lo que antes significaba perseguir escenarios y reconocimiento, hoy también incluye construir estabilidad, cuidar a sus familias y encontrar equilibrio en medio de una industria que rara vez permite detenerse.

Hoy, las familias de los tres también forman parte de esa historia compartida. Sus hijos crecen juntos como primos, mientras las esposas se integran de forma natural a la dinámica del grupo, hasta convertir esa amistad en un vínculo inseparable.

“Es una historia atípica”, admite El Profe. “Porque uno normalmente no aguanta tanto tiempo a alguien que no es de su familia, tan involucrado en su vida”, pero precisamente eso fue lo que terminó ocurriendo con ellos: dejaron de ser solo compañeros de trabajo para convertirse en una familia extendida que comparte giras, almuerzos, celebraciones e incluso la rutina más cotidiana.

Esa evolución emocional también terminó por fortalecer la identidad de Piso 21. Mientras muchos artistas cambian constantemente para sobrevivir a las tendencias, ellos encontraron algo mucho más difícil de mantener: la autenticidad. La esencia sigue siendo la misma que comenzó en aquella terraza de Medellín, solo que ahora está atravesada por la madurez, la experiencia y todo lo que han vivido juntos dentro y fuera de la música.

Después de casi veinte años juntos, las discusiones son inevitables, pero incluso en los momentos más complejos, nunca dejaron que el ego estuviera por encima del proyecto.

“El mayor logro que tenemos no fue planeado”, dice El Profe. “Simplemente pasó porque Dios permitió que nos juntáramos tres personas que querían vivir de la música y que se quieren mucho”.

La historia de Piso 21 también ha estado marcada por cambios internos importantes. La salida de Llane, la llegada y, posteriormente, la salida de Lorduy generaron preguntas inevitables sobre el futuro de la agrupación. Para muchos fans, esos momentos parecían anunciar el final de una etapa. Ellos, sin embargo, decidieron vivirlo desde otro lugar.

“Cuando alguien siente que ya no quiere estar ahí, es mejor que siga su camino”, explica El Profe.

No hay resentimiento al hablar del tema. Todo lo contrario. Hablan desde el agradecimiento y la tranquilidad de saber que cada integrante aportó algo importante en su momento. Pero también tienen claro que el corazón de Piso 21 siempre ha estado en ellos tres.

El Profe, integrante de Piso 21, posa para Imagen Miami en una sesión realizada en Miami.

“Cada uno sumó demasiado en la etapa en la que estuvo”, dice Dim. “Todos son momentos y se vivieron de la mejor manera”. Más que quedarse atrapados en las salidas, Piso 21 decidió enfocarse en proteger algo mucho más importante: la energía del grupo y la conexión que aún mantienen entre sí. “Nadie va a sentir por el grupo lo que sentimos nosotros”, concluye Pablo.

A lo largo de su carrera también han colaborado con artistas de distintos géneros y generaciones: desde Nicky Jam y Manuel Turizo hasta Black Eyed Peas, Christian Nodal, Paulo Londra y Marc Anthony. Pero incluso al explorar sonidos nuevos, nunca abandonaron del todo aquello que los hacía reconocibles.

“La gente sabe qué esperar de nosotros”, explica Pablo. “Si quieren una canción que los ponga a bailar, pero que también hable de amor o de desamor, buscan a Piso 21”.

Esa combinación de pop, reggaetón y emoción terminó convirtiéndose en un territorio propio dentro de la música latina, un lugar donde Piso 21 aprendió a evolucionar sin perder su identidad. Porque si algo entienden hoy, después de tantos años, es que evolucionar no significa sacrificar la esencia. E incluso podríamos decir que esa misma búsqueda fue la que, con el tiempo, los llevó a Miami.

Al principio, la ciudad apareció únicamente como un destino laboral. Grabaciones, reuniones, premios y colaboraciones comenzaron a convertirla en una parada constante en sus agendas. Poco a poco entendieron que gran parte de la industria musical latina se estaba dando allí. “Venías a grabar y te encontrabas en el estudio de al lado con otro artista”, recuerda Pablo.

Hasta que un día decidieron dar el salto. Dejaron atrás la comodidad de la vida que ya habían construido en Colombia para mudarse, junto a sus familias, a una ciudad completamente distinta. Una decisión que, cuatro años después, sienten que transformó por completo esta nueva etapa del grupo.

Miami terminó convirtiéndose en mucho más que una ciudad estratégica para su carrera. Representó un nuevo comienzo. Una oportunidad para salir de la comodidad, reconectarse con sus ambiciones y entender que aún quedaban muchos sueños por cumplir.

Esta decisión no solo amplió sus conexiones en la industria, sino que también los llevó a pensar de manera diferente. Llegaron colaboraciones que antes parecían lejanas, como “Volver” junto a Marc Anthony y Beéle. “Eso probablemente no habría pasado si no viviéramos acá”, admite Pablo.

La ciudad también les permitió verse desde otro lugar: ya no solo como artistas, sino también como empresarios y dueños de su propio proyecto. Después de años construyendo una carrera en la industria, Piso 21 comenzó una etapa en la que el control creativo y las decisiones importantes también pasan por sus manos. Esa independencia, de alguna forma, también refleja el crecimiento personal que han experimentado a lo largo de todos estos años.

Hoy, Piso 21 atraviesa una etapa en la que la música parece sentirse más libre que nunca. Su álbum más reciente, Trescender, reúne a artistas de distintas generaciones y refleja justamente eso: una mezcla de nostalgia, evolución y ganas de seguir disfrutando del proceso.

Cuando hablan de lo que los mantiene aterrizados, las respuestas se parecen entre sí: Dios, la familia y la música aparecen constantemente en la conversación. Para El Profe, la espiritualidad es el centro. Para Pablo, la familia también incluye a sus compañeros de Piso 21. Y para Dim, la música sigue siendo ese lugar donde encuentra paz: “Para mí, la música me hace querer ser mejor”, dice.

Pablo Mejía, integrante de Piso 21, retratado en Miami para una producción editorial de Imagen Miami.

Tal vez por eso, pese a la fama y los escenarios internacionales, todavía conservan algo profundamente cotidiano. Siguen recogiendo a sus hijos en la escuela, almorzando juntos y viviendo una vida que resulta sorprendentemente normal para una agrupación musical con casi veinte años de carrera. Y justo en esa cotidianidad radica la verdadera razón por la que Piso 21 ha logrado mantenerse a lo largo del tiempo.

No solamente por las canciones, sino porque, mientras muchas carreras terminan consumidas por el ego o la presión de reinventarse constantemente, ellos encontraron estabilidad en algo mucho más simple: seguir siendo los mismos amigos que un día comenzaron a cantar en una terraza de Medellín sin imaginar que desde aquel piso 21 estaban construyendo una historia que terminaría dejando una huella imborrable en la música latina.

Dirección: David A. Rendón, Escrito por: Mariana Bechara, Fotografía: Cleimar López, Asistente de Fotografía: Gino Adriánzen Díaz, Grooming: Faby Rojas, Asistente de grooming: Camila González, Estilismo: Gio Moros Miami, Juan Castillo y Saks Fifth Avenue; Asistente de estilismo: Juanes Céspedes, Vídeo: Juan Manuel Rivas, Localización: Seminole Hard Rock Hotel & Casino