Escrito por: Luisa Rangel, Fotografía: Yorch Sans, Grooming: Albina Nigalchuk
Criado por una madre soltera en un pequeño pueblo de Virginia, entre montañas, leña y un espíritu de esfuerzo forjado desde la infancia, Ben creció entendiendo que nada se regala y que el calor del hogar se ganaba a pulso: cortando árboles en invierno, encendiendo la estufa, trabajando con las manos. La disciplina y la autosuficiencia no eran un concepto, eran el día a día.

A los 19 años se alistó en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Dos décadas después, tras servir en Irak, Afganistán y otros destinos, se retiró como veterano con una hoja de vida marcada por la excelencia y el liderazgo. Su familia ha servido desde la Guerra de Independencia, y su decisión de enlistarse tras el 11 de septiembre fue tan personal como ancestral: una llamada al deber y a continuar un legado. Su abuelo, su héroe, sirvió en tres guerras. Cuando falleció, se llevó las medallas de Ben con él.
Durante cuatro años, Miner fue responsable de entrenar a candidatos de Fuerzas Especiales en Miami. Lo que inicialmente rechazó, por no querer tratar con “jóvenes civiles”, se convirtió en una de las etapas más gratificantes de su vida. Transformar a hombres y mujeres, física y mentalmente, y verlos descubrir de lo que eran capaces, le dio un nuevo propósito. Hasta hoy, muchos de ellos lo llaman para agradecerle. «No hay mayor recompensa que cambiarle la vida a alguien cambiando su mentalidad», dice.
Pero no todo ha sido camaradería y victorias. Ben habla con franqueza sobre lo que más le costó: perder tiempo. «Extrañé navidades, cumpleaños, despedidas. La vida pasaba y yo estaba en otra parte. Pero entendía que lo que hacía era más grande que yo mismo». El sacrificio del tiempo es, según él, el más difícil de asumir. Y a pesar del dolor, nunca se permitió caer: como líder, sabía que su fortaleza era un ancla para otros. «No puedes derrumbarte, porque si tú caes, ellos también caen».

Su visión del duelo no se limita a la pérdida de compañeros. También abarca lo que se deja atrás al cerrar un ciclo. «Cuando dejas la vida militar, no solo entregas un uniforme. Pierdes una parte de ti. Pierdes rutina, comunidad, identidad. Hay un vacío que nadie te prepara para enfrentar». Reconoce que su retiro fue un momento de incertidumbre total, un «ciervo frente a los faros». No sabía qué camino tomar, ni si sería capaz de adaptarse a una vida fuera del patrón que había vivido por veinte años. Pero encontró en la acción una forma de sanar: «Si no puedes cambiarlo, sigue adelante. Haz lo que puedas con lo que tienes».
«Morimos tres veces: cuando tomamos el último aliento, cuando nos entierran y cuando dejan de decir nuestro nombre». Esa frase, aprendida en servicio, la repite como un mantra. Por eso, cuenta historias, mantiene vivos los nombres, porque mientras alguien sea recordado, nunca está realmente muerto. El duelo, para él, es un motor: «No lo niego. Lo transformo. Lo convierto en motivación para vivir mejor, para hacer más, para honrar a quienes ya no están».
Desde que dejó el uniforme, ha canalizado su experiencia en nuevos caminos. Fundó una clínica junto a su pareja, combinando salud, estética y bienestar mental. «Sanamos desde afuera y desde adentro. Eso nos diferencia”. Allí, muchos clientes entran por un tratamiento y salen con una conversación que les cambia el rumbo.

Más allá de los procedimientos, lo buscan para hablar, para escuchar una perspectiva distinta, para sentirse acompañados. Es el mismo liderazgo que cultivó en el campo de batalla, pero ahora con otro uniforme: el de mentor, empresario y coach.
Ben ofrece conversatorios, acompañamientos personalizados y sesiones de coaching donde mezcla su experiencia militar con una filosofía de acción emocionalmente inteligente. Habla de metas, perseverancia y resiliencia. «El éxito no es fama ni fortuna. Es ser capaz de tocar vidas, de inspirar a otros, de dejar algo mejor que lo que encontraste».
También hace consultorías, trabaja en bienes raíces y mantiene una rutina enfocada en metas diarias. La primera de todas: ayudar a alguien. «Si tienes la capacidad de actuar, tienes la responsabilidad de hacerlo», afirma, citando a Thomas Jefferson.
Contempla escribir un libro, seguir motivando y expandir sus proyectos. Pero lo que ya es innegable es que Ben Miner no necesita uniforme para liderar. Su presencia, su voz y su ejemplo inspiran. No por deber, sino por elección. Porque para él, el verdadero poder no está en la fuerza, sino en el impacto que dejas en los demás.
Y para nosotros, en estas páginas, es un honor tener por primera vez a un veterano. A uno de esos hombres cuya profesión exige el máximo de entrega desinteresada. Su historia honra este especial dedicado a los más influyentes.


