Edileidis ‘Lely’ Tarrio: la fuerza que redefine la belleza auténtica en la estética contemporánea 

Escrito por: Mariana Bechara, Fotografía: Yorch Sans, Maquillaje y Peinado: Laura Carreras, Estilismo: Cleimar López, Locación: Hotel AKA Brickell  

En el universo de la medicina estética, un sector donde la belleza suele reducirse a tendencias, filtros y resultados inmediatos, Lely Tarrio ha construido su carrera desde un lugar poco común: la experiencia clínica, la vulnerabilidad y el propósito. Antes de liderar su propia práctica y consolidarse como empresaria en el mundo de la belleza, su vida estuvo marcada por la medicina, la oncología y una experiencia personal que redefinió su relación con el cuerpo, la fortaleza y el cuidado. Su historia no comienza frente al espejo, sino en los pasillos de un hospital y en la certeza de que sentirse bien va mucho más allá de la apariencia. 

Créditos: Yorch Sans

Nacida en Cuba y criada en Miami desde los diez años, Lely se formó académicamente en enfermería y obtuvo una maestría en la Universidad de Miami. Su carrera profesional comenzó en oncología, acompañando a pacientes con diagnósticos complejos y emocionalmente exigentes. Fue allí donde desarrolló una mirada clínica rigurosa, pero también una sensibilidad poco común. Esa combinación se volvió decisiva cuando, a los 21 años y recién convertida en madre, recibió su propio diagnóstico de cáncer de ovario. La experiencia la colocó del otro lado de la camilla y redefinió para siempre su relación con el cuerpo, la imagen y la fortaleza personal. 

“En medio de ese proceso entendí el valor de sentirme bien, de querer verme bien para sentirme fuerte”, dice. Aquella vivencia no solo marcó su vida personal, sino que sembró la semilla de lo que más adelante se convertiría en su proyecto empresarial. Aunque continuó especializándose en cirugía oncológica y diagnóstico temprano, comenzó a observar cómo la autoestima influía directamente en la recuperación y en la manera en que muchas mujeres atravesaban sus procesos médicos. 

La transición hacia la estética no fue inmediata ni improvisada. Lely invirtió tiempo, formación y criterio. Mientras seguía trabajando en el hospital, empezó a atender pacientes los fines de semana. Los resultados —naturales, sutiles y respetuosos— comenzaron a hablar por sí solos. Su crecimiento no llegó a través de promesas exageradas, sino por la confianza que generaba su enfoque ético y su mirada clínica. Con el tiempo, lanzó su propia consulta y transformó esa práctica en un negocio estructurado que hoy lidera junto a su esposo. 

Créditos: Yorch Sans

Lejos de romper con su pasado médico, Lely lo integró como el núcleo de su propuesta de valor. “Esa empatía, esa escucha, esa convicción de acompañar a mujeres en momentos vulnerables, es algo que traje directamente de la oncología”, explica. Muchas de sus pacientes actuales provienen de su práctica médica previa y confían en ella no solo por su técnica, sino por la forma en que se sienten acompañadas. En su visión, la estética no es un fin, sino una herramienta para devolver seguridad sin alterar la identidad. 

Esa filosofía se ha convertido en la base de su marca personal y empresarial. Para Lely, la estética debe acompañar, no transformar. Su trabajo se centra en realzar rasgos, no en borrar historias. “Quiero que mis pacientes salgan sintiéndose ellas mismas, solo con un brillo distinto”, afirma. En una industria dominada por tendencias rápidas y estándares homogéneos, su propuesta se diferencia por una ética clara: la belleza no debe alejarnos de quienes somos, sino ayudarnos a reconciliarnos con nuestra imagen. 

Esa coherencia también se refleja en su uso de las redes sociales. Durante años, como muchos profesionales, buscó proyectar una imagen perfecta. Sin embargo, el verdadero crecimiento llegó cuando decidió cambiar el discurso. “Cuando dejé de decir solo lo que la gente quería oír y empecé a contar mi verdad, entendí el poder de mi voz”, reconoce. Hoy, su narrativa pública se basa en la autenticidad: mostrar imperfecciones, hablar desde la experiencia y normalizar la vulnerabilidad como parte del camino profesional. 

Créditos: Yorch Sans

Miami ha sido el escenario de toda su evolución personal y empresarial. Para Lely, la ciudad representa tanto inspiración como desafío. La define como el reflejo del alma de la mujer latina: intensa, diversa y ambiciosa. Al mismo tiempo, reconoce la enorme presión estética que se vive en ese entorno. Su misión, precisamente, es cuestionar ese molde y recordar que la belleza no necesita comparación ni copia. Su trabajo busca devolver criterio en un mercado saturado de filtros y expectativas irreales. 

En medio del ritmo acelerado del negocio, Lely encuentra equilibrio en espacios simples. El mar, el silencio y los rituales personales se han vuelto parte de su liderazgo. “Ese momento de calma me recarga y me da claridad”, dice, consciente de que el bienestar propio es indispensable para sostener cualquier proyecto a largo plazo. 

Su mensaje final, especialmente para las nuevas generaciones, resume con claridad la esencia de su propuesta empresarial: no perder la identidad. En un mundo que empuja a la perfección artificial, Lely Tarrio ha construido un negocio desde la vulnerabilidad, la ética y la intención. Su éxito no se mide solo en crecimiento, sino en impacto. Porque cuando el propósito guía las decisiones, la empresa deja de ser solo un negocio y se convierte en una extensión coherente de quien la lidera.