Susan McCollum: Una vida formada por el coraje, la resiliencia y el arte de conectar los puntos

Escrito por: Mariana Bechara, Fotógrafo: Jorge Duva, Digital Tech: Gazdigi, Maquillaje y Peinado: Gio Moros Miami, Estilismo: Gio Moros Miami & Saks Fifth Avenue, Locación: Esca Productions, Asistente de estilismo: Claudia Sánchez, Asistente de fotografía: Johan González Pérez 
  

Sue McCollum aprendió muy temprano que la vida no siempre es luminosa. Creció en Buffalo, Nueva York, donde el cielo gris y las tormentas de nieve forman parte del paisaje. Allí uno aprende rápido a ajustar sus expectativas: cuando sale el sol se celebra, y cuando no, se sigue adelante. Ese contraste terminó moldeando una filosofía importante: encontrar luz incluso en los días más difíciles. 

Un recuerdo de la infancia define su carácter: cuando un auto que iba delante quedaba atascado en la nieve, su padre paraba el coche, salía y empujaba al conductor delante de él hasta que podía seguir adelante. Una acción casi rutinaria: ayudar y seguir adelante, confiando en que, cuando llegara tu turno, alguien también te ayudaría. Esa idea se convirtió en uno de los principios que más tarde guiarían su vida y liderazgo. 

De niña soñaba con ser periodista deportiva. Estudió periodismo, trabajó en radio y más tarde hizo un MBA. Su carrera se movió entre la comunicación, academia y asuntos públicos. Nada de aquello parecía anticipar el camino empresarial que vendría después, pero con el tiempo entendió algo que repite con frecuencia: en nuestras vidas solo podemos conectar los puntos mirando hacia atrás, no hacia adelante. 

Antes de entrar en el mundo corporativo, trabajó como mesera en restaurantes mientras se pagaba los estudios. Allí aprendió lecciones que aplicaría en la carrera inesperada que tendría: siempre escuchar, observar y responder a tu cliente. Sin embargo, nada podía prepararla para lo que estaba por venir 

Cuando sus hijos estaban en la escuela, Sue decidió cambiar de carrera y estudiar Derecho, pero seis semanas después de empezar su primer semestre su vida cambió por completo. Después de que a su esposo le diagnosticaran cáncer cerebral, ella asumió el liderazgo del negocio familiar mientras afrontaban su enfermedad. Poco después de su fallecimiento, se enfrentó al mayor desafío empresarial de su carrera, cuando varios proveedores de negocios rescindieron ilegalmente sus acuerdos, amenazando la viabilidad de la empresa. En un solo día, casi el 50 por ciento de los ingresos del negocio desaparecieron y se enfrentó a innumerables demandas. 

Para muchos habría sido el fin, pero para ella fue el inicio de todo. “Si lucho y pierdo, es lo mismo que no luchar”, recuerda. El caso terminó en los tribunales y se convirtió en un proceso largo y desgastante. Durante ese tiempo era madre, estudiante de derecho y líder de una empresa que intentaba sobrevivir. Aun así, nunca consideró abandonar. 

En una industria dominada por hombres, algunos asumieron que no resistiría la presión, pero esa subestimación terminó jugando a su favor. Contra todo pronóstico, las demandas se resolvieron y la empresa recibió una disculpa y un pago considerable. Durante los años siguientes, el negocio fue reconstruido y volvió a crecer. Años después, cuando decidió vender la empresa, fue desde una posición de fortaleza. 

Hoy habla de ese período sin resentimiento, los golpes de la vida no la amargaron. Al contrario, durante nuestra conversación encuentro a una mujer resiliente y amable. Su energía transmite la calma de alguien que ha atravesado tormentas y decidió no quedarse atrapada en ellas. 

Su visión sobre el error también refleja esa madurez: equivocarse es inevitable, castigarse no. Recuerda el consejo de un mentor: “la gente te va a criticar a lo largo de tu carrera. No te castigues tú también. Sé amable contigo misma”. 

Más allá de los negocios, la maternidad también define su historia. Cuando su esposo falleció, sus hijos eran todavía adolescentes y Sue tuvo que sostener a sus hijos mientras luchaba por la empresa que él había construido. 

Hoy reconoce que el equilibrio nunca fue perfecto, quizá porque no está destinado a serlo. “No sé si alguien puede tenerlo todo, pero sé que no se puede tener todo en una semana o en un día. Uno se esfuerza por tenerlo todo a lo largo de toda una vida”, afirma. Esa perspectiva a largo plazo también influye en su forma de pensar sobre el impacto. Más tarde, la llevó a crear la Clever Little Girl Foundation, centrada en ampliar las oportunidades de las comunidades vulnerables, especialmente en aspectos que apoyan a mujeres y niños. 

Cuando se le pregunta qué significa el éxito, su respuesta se aleja de los indicadores financieros. Para Sue, el éxito es encontrar propósito, resolver problemas y construir comunidad. Es sentir que lo que haces tiene sentido y que las personas a tu alrededor también pueden avanzar. 

Quizás por eso, incluso después de todos los obstáculos, su historia vuelve a la lección que aprendió en los inviernos que marcaron su infancia. Llegan tormentas de nieve, cubren el camino de entrada y te obligan a palear de nuevo con cada centímetro que cae. No hay atajos—solo la decisión de levantarse, recoger la pala y despejar el camino. Una y otra vez.