El músico neoyorquino, hijo del Bronx latino, murió a los 75 años después de permanecer cinco días hospitalizado. La noticia cayó como suelen caer las cosas importantes: sin estridencias, pero con un eco inmediato en cada esquina donde todavía suena un trombón con carácter.

Colón no era solo el hombre detrás de un instrumento. Era el estratega. El que entendió que la salsa podía sonar elegante sin dejar de ser calle. Que podía contar historias densas sin perder ritmo. Que podía ser política sin convertirse en sermón.
El Bronx, la calle y el estudio
Cuando se unió a Héctor Lavoe, no estaban pensando en hacer historia. Estaban pensando en sobrevivir, en sonar distintos, en no parecerse a nadie. El resultado fue una colección de discos que todavía hoy suenan actuales, crudos y cinematográficos.
Más tarde, con Rubén Blades, elevó la narrativa de la salsa. “Pedro Navaja” no fue solo una canción; fue una película de barrio comprimida en minutos. Ahí Colón demostró que sabía producir tensión, construir atmósferas, darle espacio al silencio cuando hacía falta.
Su trabajo dentro de Fania Records terminó de consolidar esa visión. Desde allí ayudó a exportar un sonido que dejó de ser local para convertirse en bandera cultural.
Nunca fue cómodo, y eso era parte del encanto
Colón opinaba. Se metía en debates. Cambiaba de registro. Podía pasar del estudio de grabación a la política sin pedir permiso. A algunos les incomodaba. A otros les fascinaba. Él nunca pareció interesado en agradar a todos.
Y quizás por eso su legado es tan sólido: no fue fabricado para gustar, fue construido para permanecer.
Cinco días de espera, décadas de música
Durante los últimos días, mientras permanecía hospitalizado, colegas y seguidores llenaron las redes de mensajes. Canciones compartidas. Fotografías antiguas. Historias personales. Cuando se confirmó su muerte, el duelo ya estaba en marcha.
Hoy, la pregunta no es qué pasará con su música. La respuesta es obvia: seguirá sonando. En casas, en fiestas, en bares de esquina, en playlists donde la salsa convive con el pop y el urbano sin pedir explicaciones.
Willie Colón se va a los 75 años, pero deja algo que no se archiva ni se reemplaza: una forma de entender la música latina con carácter, con riesgo y con visión.
La salsa no se quedó en silencio. Solo cambió de tono.


