Yelitza Martínez: “Construir, avanzar y aprender a disfrutar el camino” 

Escrito por: Luisa Rangel, Fotógrafo: Jorge Duva, Digital Tech: Gazdigi, Maquillaje y Peinado: Gio Moros Miami, Estilismo: Gio Moros Miami & Saks Fifth Avenue, Locación: Esca Productions, Asistente de estilismo: Claudia Sánchez, Asistente de fotografía: Johan González Pérez 

Empresaria venezolana y cofundadora de la marca de alimentos Tío Paco, Yelitza Martínez ha construido una trayectoria donde la estrategia empresarial convive con una visión profundamente humana del liderazgo. Su estilo de dirección combina números, estructura y relaciones personales, una fórmula que hoy sostiene el crecimiento de una empresa que compite en el exigente mercado de alimentos en Estados Unidos.  

Dentro de la compañía, su enfoque ha estado en la organización financiera, la estructuración de procesos y la estrategia operativa, pilares que han permitido consolidar y expandir la marca. 

Su relación con el orden comenzó mucho antes de los negocios. Creció en Venezuela en un hogar donde la disciplina era parte de la vida diaria. Estudió Contaduría Pública y desde muy joven descubrió que su talento natural estaba en diseñar estructuras capaces de sostener proyectos a largo plazo. 

La historia que hoy la encuentra establecida en Miami, sin embargo, no empezó con un plan perfecto. Tras una experiencia difícil que obligó a su familia a dejar Venezuela, Yelitza y su esposo llegaron a Estados Unidos con dos niños pequeños y una necesidad urgente: empezar de nuevo. 

Cinco meses después compraron un pequeño negocio de alimentos. “Era un huequito, literalmente”, recuerda entre risas. 

Ese pequeño espacio terminaría convirtiéndose en Tío Paco, una empresa que hoy distribuye más de 60 productos —desde ajo fresco pelado, producto con el que inició la compañía, hasta granos, vinagres y pastas— en cadenas como Walmart, Sedano’s, Pollo Tropical, Performance Food Group y Sysco.  

Durante años, Yelitza confiesa que su mente estuvo siempre enfocada en el siguiente objetivo. 
“Siempre estoy pensando en lo que viene”, admite. “A veces llegaba a una meta y ya estaba concentrada en la próxima”. 

Con el tiempo decidió cuestionar ese ritmo y aprender a mirar cada etapa con más calma, permitiéndose disfrutar procesos que antes pasaban demasiado rápido. Avanzar sigue siendo parte de su naturaleza, pero ahora intenta hacerlo con mayor conciencia. 

Su forma de entender el liderazgo también está marcada por esa claridad. Para Yelitza, dirigir una empresa implica algo más que tomar decisiones; exige carácter, disciplina y una voluntad real de asumir responsabilidades. “Hay personas que nacen con esa personalidad y otras que pueden desarrollarla”, explica. “Pero para eso tiene que existir el deseo de hacerlo”. 

En su experiencia, la diferencia entre un emprendimiento que apenas sobrevive y una empresa que logra consolidarse suele estar en la capacidad de sacrificio. “Tienes que estar dispuesto a sacrificar muchas cosas”, dice. “Pero también saber cuáles no negocias”. En su caso, esas prioridades siempre han estado claras. Su familia ocupa el primer lugar. Su esposo y sus hijos son el centro alrededor del cual organiza todo lo demás. 

Ese equilibrio no ha sido automático. En distintas etapas de su vida ha tenido que hacer sacrificios personales. Cuando era más joven, hubo momentos en los que renunció a reuniones familiares con padres y hermanos, encuentros con amigos y espacios propios para concentrarse en construir su camino profesional. 

Recuerda especialmente los primeros años en Estados Unidos, cuando los días comenzaban temprano y terminaban tarde. Después del trabajo venían las actividades de los niños, las responsabilidades del hogar y la necesidad constante de seguir impulsando el negocio 

Durante ese período dejó de lado algo que siempre había sido parte de ella: su relación con la imagen personal. “Siempre me gustó arreglarme y cuidar mi estilo”, cuenta, “pero hubo años en los que simplemente no había espacio para eso”. Con el tiempo entendió que también necesitaba recuperar esa parte de sí misma y retomó hábitos que la conectaran con su bienestar: ejercicio, cuidado personal y momentos dedicados a ella. “Eso me devolvió a mí”. Hoy su rutina refleja un equilibrio más consciente: cuida su salud, organiza su tiempo con disciplina y ha enseñado a su familia a respetar esos espacios. Esa claridad también se refleja en su forma de trabajar. Cuando surge un problema en la empresa, prefiere reunir al equipo, hacer preguntas y guiarlos para que encuentren la solución. Para ella, esos momentos son oportunidades de aprendizaje. 

Ese enfoque ha construido una cultura empresarial donde cada persona entiende que su trabajo tiene valor. Desde producción hasta administración, todos forman parte del mismo engranaje. “Para mí todos son importantes”, asegura. “El crecimiento de la empresa también es el crecimiento de quienes trabajan con nosotros”. 

Cuando se le pregunta qué significa para ella estar en la cima, habla, más bien, de algo mucho más simple y profundo: la tranquilidad. La tranquilidad de haber construido una vida donde el trabajo, la familia y el tiempo personal pueden convivir sin perder el equilibrio. 

Pero hay un deseo que resume su visión actual: mantenerse presente para ver a sus hijos construir su propio camino. “Quiero tener salud y energía para verlos realizados”, dice. 

Cuando piensa en el legado que le gustaría dejar, espera que otras personas vean su historia y entiendan que siempre es posible construir algo significativo cuando existen disciplina, visión y la decisión de avanzar incluso en los momentos más inciertos.