«La confianza es el único capital que no cotiza en la bolsa, y aun así vale más que cualquier acción.»
Dirección: David A. Rendón, Escrito por: Luisa Rangel, Fotografía: Yorch Sans, Grooming: Samantha Cruz, Locación: Ampersand Studios
Al Maulini nació en Cuba en 1961 y llegó a Estados Unidos con su familia cuando tenía apenas cuatro años. Sus primeras experiencias marcaron su carácter, su visión del éxito y su comprensión del sacrificio. Vivir inicialmente en un pequeño pueblo de Michigan, lejos del calor de su tierra natal, le enseñó desde muy joven el valor del esfuerzo y la resiliencia. Sus padres —especialmente su padre— trabajaban jornadas extenuantes, largas horas en una fundición de acero, impulsados por el sueño de ofrecerle a su familia un hogar seguro. Esa casa, remodelada con el propio esfuerzo de su padre, se convirtió en su primera gran lección silenciosa: un recordatorio de que la dignidad se construye con las propias manos y el progreso con trabajo honesto.

Desde temprano, esa combinación de disciplina e integridad no solo definió su ética laboral, sino que también le inculcó un claro sentido de lo correcto, una brújula moral que nunca ha perdido el norte. “El dinero que no se gana de la manera correcta no sirve”, suele decir. Esa frase, simple pero contundente, se convirtió en uno de sus pilares fundamentales.
Ese origen también explica su empatía natural. Sabe lo que significa empezar desde cero, reinventarse, adaptarse. Por eso, cuando hoy trabaja con sus clientes, no ve portafolios: ve historias, sueños y familias. Esa sensibilidad poco común en el mundo financiero le permite conectar más allá de los números, comprender las vidas detrás de cada activo y asumir la responsabilidad de acompañarlas.
Maulini no solo representa el sueño americano; lo ha elevado a una expresión de sofisticación, propósito y humanismo. Desde sus primeros días trabajando como cargador en UPS hasta gestionar de manera independiente portafolios multimillonarios a través de su propia práctica financiera asociada a Raymond James, su carrera ha sido una verdadera clase magistral de disciplina, evolución y reinvención.
La idea de crear su propia organización nació de un deseo profundo de transformar la manera en que se vive y se practica la asesoría financiera. Durante años trabajó en grandes corporaciones donde, aunque ganó experiencia, sentía que sus ideales y su estilo personal estaban limitados por estructuras externas. En 2021, ese anhelo de independencia finalmente se materializó. Compró un espacio en Coral Gables y lo transformó en una práctica que hoy no solo gestiona patrimonios importantes, sino que también funciona como un punto de encuentro para reuniones, seminarios y experiencias que respiran una cultura distinta: una donde el cliente deja de ser un número para convertirse en parte de una comunidad.
Al Maulini ha construido un servicio integral en el que las finanzas se abordan con precisión, estrategia y una genuina vocación de acompañamiento. Desde planificación patrimonial avanzada hasta gestión activa de inversiones, su equipo diseña estructuras personalizadas para cada cliente, enfocadas en optimizar resultados mientras se respeta su visión personal de largo plazo.

Hablar con él hace imposible separar su visión empresarial de su filosofía de vida. Para Maulini, el dinero es una herramienta para alcanzar objetivos, nunca el objetivo en sí mismo. Lo importante es cómo se gana, cómo se utiliza y el impacto que deja. Esa perspectiva donde la ética y la disciplina no son negociables guía cada decisión que toma. Su equipo no fue elegido por currículums perfectos, sino por su calidad humana. “Puedes ser técnicamente excelente, pero si no estás alineado con nuestra cultura de respeto, empatía y colaboración, no eres parte del equipo”, afirma con la convicción de quien sabe que los buenos negocios comienzan con buenas relaciones humanas. Lo aprendió en carne propia: años atrás, un colega talentoso rompió la armonía del equipo, y desde entonces la química personal se volvió esencial.
Ese mismo enfoque se extiende a la forma en que su oficina se relaciona con los clientes. Aquí no hay frialdad corporativa. Las puertas están abiertas —literalmente— para quien quiera conversar, compartir un café o asistir a una cata de vinos pensada como una excusa para compartir conocimiento y construir confianza. Muchos de sus clientes han visitado su casa y participado en celebraciones familiares, y es esa cercanía la que, según Maulini, marca la diferencia en una industria donde la confianza es el activo más valioso.
Esa cercanía ha sido especialmente significativa con sus clientes latinos. Aunque tres cuartas partes de su portafolio son estadounidenses, una parte importante proviene de Brasil y México. Para estos clientes, la relación no se construye solo sobre números, sino sobre confianza ganada con el tiempo y presencia real. En palabras de Al: “El cliente latino invierte más en la persona que en el producto. Necesita sentirse parte de algo más cálido, más humano”. En esa dimensión, su práctica ha logrado algo excepcional: combinar estrategia financiera de alto nivel con una conexión humana auténtica.
La estrategia, por supuesto, es una palabra que Maulini vincula estrechamente con la tecnología. La inteligencia artificial ha transformado su rutina diaria. Cada mañana, antes del amanecer, comienza el día con lecturas de mercado y análisis financieros que una plataforma —personalizada con su propia voz— le transmite en tiempo real. “Antes, ese mismo trabajo me tomaba horas, incluso días. Hoy, en una sola mañana tengo un panorama claro. La IA es una herramienta poderosa, pero el juicio humano sigue siendo irremplazable”. Ese equilibrio entre eficiencia tecnológica y discernimiento profesional afirma, define el futuro de la asesoría financiera.
Ese futuro, sin embargo, está lleno tanto de riesgos como de oportunidades. Con mirada aguda, Maulini identifica la revolución industrial actual como una de las más profundas de la historia moderna. “En cinco años, lo que hoy parece ciencia ficción será parte de nuestra rutina. Habrá robots en los hogares, en la seguridad personal, en la movilidad, en la asistencia diaria. La pregunta es: ¿cómo nos adaptamos y, más importante aún, ¿cómo invertimos en ese cambio?”
Al mismo tiempo, insiste en que el acceso a la información ya no es un privilegio de unos pocos. “La inteligencia artificial está democratizando el conocimiento, pero también está obligando a todos a elevar su nivel. Ya no basta con saber; hay que saber discernir”.
Su pasión por compartir conocimiento ha marcado profundamente su trayectoria. Desde sus inicios en la radio financiera en los años 80 hasta sus blogs y resúmenes semanales actuales, Maulini siempre ha creído que el conocimiento está hecho para compartirse. Cada mañana, antes de que la ciudad despierte, toma notas mientras estudia los mercados; esas reflexiones concisas luego se convierten en un boletín semanal. “No manejo un negocio frío. Quiero que la gente entienda qué está haciendo con su dinero para que pueda tomar decisiones informadas y con confianza”. Para él, educar es otra forma de cuidar.
Quizás su reflexión más refinada gira en torno al concepto de lujo. Para Maulini, el lujo ya no es el auto más nuevo ni una casa frente al mar; el verdadero lujo es el tiempo. “Veo clientes que ya lo tienen todo y lo que desean es viajar, disfrutar la vida, pasar tiempo con sus nietos. Buscan calidad de vida”, explica. Y esa calidad tiene menos que ver con la opulencia y más con la serenidad: la tranquilidad que brinda la planificación, la claridad y la estructura patrimonial. Es un lujo silencioso, casi intangible, construido con intención y propósito. Para él, la verdadera sofisticación financiera no se mide por el tamaño de una cuenta, sino por la libertad que ofrece: la libertad de elegir cómo vivir, con quién compartir el tiempo y cómo dejar un legado basado en significado, no solo en cifras.

Esa confianza también se cultiva en su vida personal. Su rutina es un modelo de disciplina: se despierta antes del amanecer, saca a pasear a sus cinco perros, estudia los mercados, hace ejercicio, desayuna de forma saludable y llega a la oficina con energía. “El cuerpo es la herramienta más importante. Si no está fuerte, nada funciona”.
No siempre fue así. Hubo una etapa en la que descuidó su salud y pagó el precio. Hoy, a los 64 años, afirma sentirse mejor que a los 40. Forma parte de una filosofía que lo acompaña desde joven: la disciplina física es tan vital como la disciplina financiera. Esa claridad también ha moldeado su crecimiento como líder.
Con el tiempo, aprendió a soltar. Invirtió en negocios paralelos que eran rentables, pero también demandantes. “Puedo batear bien en varios negocios, pero eso no significa que deba hacer swing a cada lanzamiento. Hoy sé que lo mejor que puedo hacer es enfocarme en lo que amo y en donde puedo aportar más”.
Esa contribución también tiene una dimensión filantrópica. Fundó su propia iniciativa, Protecting the Innocent, dedicada a apoyar causas que van desde el rescate animal hasta la ayuda a niños en situación de riesgo. Cada seminario que organiza incluye espacio para que una fundación invitada comparta su labor. “Ganar más es poder ayudar más. Así de simple”.
También es común ver a otros asesores financieros en su oficina buscando formarse con él. “Algunos colegas son mis clientes. Me entusiasma ayudar a formar a la próxima generación. Me encanta verlos crecer y construir su propio camino. Eso también es parte de mi legado”. Su mentoría va más allá de la técnica o los números; enfatiza el carácter, la ética y una cultura de respeto. Cree que compartir conocimiento fortalece tanto a la industria como a las personas.
En ese mismo espíritu, defiende algo que siente que se ha perdido en muchos entornos profesionales: la presentación personal. “Vestir bien es una forma de respeto hacia uno mismo, hacia el cliente y hacia la profesión”, afirma. Para Maulini, presentarse de manera impecable no es superficial; es coherencia entre lo que se ofrece y cómo se presenta. Un traje bien elegido, una actitud serena, una presencia cuidada: estos códigos silenciosos comunican seriedad, compromiso y orgullo por el trabajo.
Y si tuviera que empezar desde cero hoy, lo haría con dos certezas: su pasión por invertir y su disciplina física. Todo lo demás, dice, puede cambiar, pero esos pilares lo han sostenido desde el principio. Hubo un momento en el que dejó de priorizar su salud física y su cuerpo se lo cobró. Por eso hoy es categórico: un cuerpo fuerte es tan esencial como una mente aguda, especialmente en una profesión que exige claridad, energía y enfoque.
Con el paso del tiempo y tras décadas en la industria financiera, su definición de éxito ha madurado. Ya no se trata de reconocimiento, cifras o prestigio. Hoy, el éxito es tener claridad, vivir con propósito, ayudar a otros a prosperar y dejar un legado que trascienda lo financiero. “Ser todo lo que uno puede ser, profesional y personalmente”, dice. Y eso, en estos tiempos, vale más que nunca.
Al Maulini
141 Miracle Mile
Coral Gables, FL 33134
Oficina: 305.548.2247
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Las opiniones expresadas son las de Al Maulini y no necesariamente reflejan las de Raymond James. Invertir implica riesgos y usted puede incurrir en ganancias o pérdidas, independientemente de la estrategia seleccionada. Antes de tomar cualquier decisión de inversión, consulte con su asesor financiero sobre su situación individual.


