A los tres meses de llegar a Miami, Carlos Mayz registró su primera empresa. No llegó con un plan perfectamente diseñado ni con una hoja de ruta detallada; de hecho, como muchos inmigrantes, llegó con preguntas, incertidumbre y la necesidad de empezar de nuevo. Lo que sí tenía era una convicción clara: no quería esperar a que alguien le construyera una oportunidad—él la iba a crear.
“Fundé Impulse Strategy por dos factores: el primero era entrar al mundo corporativo de la manera correcta, y el segunda era ir más allá de las relaciones públicas tradicionales. Entender hacia dónde va la marca, cuál es la estrategia que tiene detrás, etc.”, cuenta Carlos.

Casi una década después, esa filosofía sigue definiendo cada faceta de su carrera. Ya sea a través de Impulse Strategy, que fundó en 2017, o mediante su trabajo en bienes raíces, conectando inversionistas latinoamericanos con oportunidades en Miami, Mayz parece estar impulsado por la misma idea: ayudar a otros a crecer.
Para Carlos, ambas facetas nunca han estado separadas. Mientras desarrollaba Impulse Strategy, también comenzó a conectar inversionistas latinoamericanos con el mercado inmobiliario de Miami. Lo que para muchos son industrias distintas, para él responde a un mismo propósito.
“Yo encontré que mi función es brindarle oportunidades a la gente para su crecimiento. Por ejemplo, me encanta cuando un proyecto llega desde cero”, explica.
Le atraen especialmente las historias que aún están escribiéndose: personas con talento y visión que todavía no han encontrado el escenario adecuado para mostrarse. Más que construir marcas, disfruta de acompañar procesos de transformación, ver cómo alguien encuentra su voz y ocupa espacios que antes parecían inalcanzables. “Lo que más me apasiona es ver crecer a la gente”.
Pero ayudar a otros a crecer también exige una estructura personal sólida. Para Carlos, esa estabilidad descansa en tres pilares: visión, disciplina y enfoque.
“En una ciudad como Miami, que te puede comer vivo, si no tienes enfoque, pierdes todo lo demás”, aconseja. Cuando habla de disciplina, por ejemplo, evita definiciones rígidas. “No creo que sea hacer las cosas, aunque no quieras hacerlas. Creo que la disciplina es saber volver a tu centro y a tu sistema, incluso cuando te salgas de él. Es saber volver y retomar lo que sabes que te mantiene de pie”.

Esa misma mentalidad lo ayudó a reencontrar el equilibrio después de la pandemia, cuando incorporó el ejercicio como una herramienta para cuidar su salud mental. Entre sistemas de hábitos y estrategia, Carlos también reflexionó sobre otro factor importante para el crecimiento personal: las relaciones.
“La relación que tú estableces con cualquier persona, sea un proveedor, un trabajador o quien sea, vale oro. Más que tener el contacto de alguien, debemos cultivar más esas relaciones, que al final son las que nos traen frutos en cualquier parte de nuestra vida”.
Es precisamente el poder de las relaciones lo que termina por moldearnos. Algunas dejan aprendizajes sutiles; otras cambian por completo la forma en que vemos el mundo. Para Carlos, uno de esos momentos llegó a los 17 años, tras el fallecimiento de su padre. Con el tiempo, esa pérdida transformó su forma de entender el tiempo, las relaciones y la importancia de actuar en el presente y, sobre todo, a no quedarse esperando que las cosas sucedan.
“Creo que, si no hubiese vivido eso con mi papá, que me hizo valorar el día a día, quizás no sería así”, reflexiona. “Estamos hoy aquí. Estamos hoy para tomar acción, no para esperar a que algo suceda. Las cosas las tenemos que hacer que pasen”.

Mirando hacia atrás, encuentra incluso una conexión entre esa filosofía y una de las decisiones más importantes de su vida: llegar a Miami y registrar su empresa apenas tres meses después. No fue un acto impulsivo, sino la consecuencia natural de una forma de entender la vida. Si existe una oportunidad, hay que construirla.
“Tú creas la realidad a la que aspiras”
Esa misma filosofía sigue guiando la forma en que entiende su trabajo y su propósito en la vida. Más allá de los títulos, las marcas o las transacciones, lo que realmente lo motiva es ayudar a otros a descubrir posibilidades que aún no han visto en sí mismos. Por eso encuentra más satisfacción en quienes están comenzando que en quienes ya llegaron—en las ideas que aún están tomando forma. En las personas que todavía no reconocen todo lo que son capaces de lograr.
Porque detrás de cada marca que impulsa, de cada proyecto que asesora y de cada oportunidad que ayuda a construir, hay una misma convicción: todos podemos crecer.
Escrito por: Laura Cueter, Fotografía: Yorch Sans, Grooming: Albina Nigalchuk, Locación: Esca Productions


