Edileidis ‘Lely’ Tarrio, la vida que comenzó en el mar y encontró su propósito en sanar 

Lely nació en Cuba, pero su historia comenzó mucho antes de llegar a Miami. A los nueve años, sus padres tomaron una decisión que cambiaría su vida: huir de la isla. Junto a otras 47 personas —y siendo la mayor de los niños en aquella embarcación improvisada— emprendió una travesía de casi trece horas en el mar, marcada por la deshidratación, el miedo y la incertidumbre. Hoy recuerda la desesperación en el rostro de sus padres mientras intentaban mantenerla consciente en medio del agotamiento. Con los años comprendió la magnitud de aquel momento: el riesgo que asumieron y la posibilidad real de no sobrevivir. 

Tras ser rescatados por la Guardia Costera de Estados Unidos, permanecieron nueve meses en la base militar de Guantánamo Bay esperando su destino. Aquella experiencia marcó profundamente a Lely y se convirtió en una motivación silenciosa que la acompañaría siempre: demostrar que el sacrificio de sus padres había valido la pena. 

Ya en Miami, creció con una determinación clara. Fue una estudiante ejemplar y destacó académicamente desde muy joven. Estudió enfermería y más tarde obtuvo una maestría en la Universidad de Miami, especializándose en cáncer de mama, oncología quirúrgica y genética. Durante años trabajó acompañando a pacientes en uno de los momentos más delicados de sus vidas: el diagnóstico y tratamiento del cáncer. 

Pero su historia tomaría un giro inesperado cuando la enfermedad tocó su propia puerta. 

A los 21 años, poco después del nacimiento de su hijo, Lely fue diagnosticada con cáncer de ovario. Aquella experiencia cambió su manera de entender la salud y le enseñó que, en momentos difíciles, sentirse bien consigo misma puede convertirse en una verdadera fuente de fortaleza. Aunque continuó desarrollándose en oncología, su interés por la estética médica comenzó a crecer. Siempre había sentido afinidad por el mundo de la belleza, pero decidió abordarlo con la misma rigurosidad clínica. Mientras trabajaba en el hospital, comenzó a atender pacientes los fines de semana, alquilando por horas un pequeño espacio para practicar. 

Durante meses trabajó prácticamente sola, aprendiendo sobre la marcha no solo la práctica médica, sino también cómo sostener un negocio que apenas comenzaba a crecer. Su mayor desafío no estaba en lo clínico, sino en entender la parte empresarial. 

Seis meses después apareció en su vida quien hoy es su esposo y socio. Él asumió la parte empresarial mientras Lely se enfocaba en la práctica clínica. Juntos tomaron una decisión clave: dejar la seguridad de un salario estable para apostar por un espacio propio.

Curiosamente, Lely nunca sintió miedo; confiaba en que podían lograrlo. 

Su primera oficina era pequeña, pero desde allí todo comenzó a crecer gracias a la recomendación de sus pacientes que confiaban en su trabajo. Muchos compartieron sus resultados en redes sociales y, poco a poco, su nombre empezó a circular entre mujeres que buscaban resultados naturales y un enfoque médico responsable. 

En una ciudad como Miami, donde la presión estética puede ser intensa, muchas personas llegan con fotos de celebridades buscando replicar un rostro o un cuerpo. Lely suele detener esas conversaciones con calma. Su enfoque no es seguir tendencias ni transformar radicalmente a nadie, sino realzar lo que cada persona ya tiene. 

Ese principio se convirtió en la base de su práctica. Hoy ofrece tratamientos médicos estéticos —desde inyectables hasta contorno corporal y rejuvenecimiento— guiada por una misma filosofía: acompañar la belleza natural, no reemplazarla. 

Su formación en oncología sigue presente en cada consulta. La empatía y la escucha que aprendió en los hospitales hoy forman parte esencial de su relación con las pacientes. Haber acompañado a tantas mujeres en procesos difíciles le enseñó que detrás de cada rostro hay una historia personal que merece respeto. 

Cuando habla de liderazgo, Lely no lo asocia con poder, sino con la capacidad de influir positivamente en la vida de otros: en el trabajo, la familia y la comunidad. Tras atravesar la enfermedad, también cambió su manera de tomar decisiones. Entendió que el tiempo es el recurso más valioso y que lo importante es actuar cuando algo nace del corazón. 

Para equilibrar ese ritmo, cada domingo comparte un pequeño ritual con su esposo: ir temprano al mar, caminar descalzos en la arena, conversar y agradecer antes de comenzar una nueva semana. 

Lely sabe que aún hay mucho por construir. Sueña con seguir expandiendo su práctica y, algún día, llevar una vida más tranquila lejos del ritmo acelerado de Miami. Pero hay algo que asegura que nunca cambiará: su esencia.  

Quizás porque una parte de ella sigue siendo aquella niña que cruzó el mar con su familia buscando un nuevo comienzo. Y desde entonces entendió que cada logro también es una forma de honrar aquel sacrificio. 

Escrito por: Luisa Rangel, Fotografía: Yorch Sans, Maquillaje y Peinado: Gio Moros Miami, Locación: Esca Productions