Antes de las cámaras y las plataformas digitales, el mundo de Poché ya estaba lleno de creatividad: un escenario de teatro musical, un cuaderno de acuarelas o un improvisado “photoshoot” en casa con su hermana como modelo. La sensibilidad artística ha acompañado a María José Garzón desde mucho antes de que su vida comenzara a desarrollarse frente a una cámara.

El arte fue, desde el inicio, un lenguaje natural. Su madre la inscribió desde pequeña en clases de teatro musical, donde descubrió la energía del escenario y la emoción de formar parte de una historia colectiva. Esa conexión temprana con la expresión artística moldeó una forma particular de observar el mundo: sensible, curiosa y profundamente visual.
Su entorno familiar también influyó en la persona que es hoy. Creció en un hogar donde la emoción nunca fue vista como debilidad. Sus padres eran personas sensibles, capaces de llorar frente a una película o emocionarse con una historia romántica: “creo que esa sensibilidad a la emoción me hace quien soy hoy en día”, reconoce.
Pero el punto de inflexión en su historia llegó de forma inesperada. Junto a Daniela Calle comenzó a crear contenido en YouTube sin imaginar que aquel proyecto espontáneo terminaría transformándose en una de las comunidades digitales más grandes del mundo hispanohablante. Al inicio era solo diversión, pero pronto la audiencia creció. Recuerda con claridad la primera vez que alguien les pidió una foto en Bogotá: el mundo digital atravesaba la pantalla y se hacía tangible.
Otro momento simbólico fue cuando el canal comenzó a generar ingresos, incluso si al principio era apenas un dólar. Más que dinero, representaba la confirmación de que lo que construían tenía valor real.
Pero quizá el momento más determinante en su trayectoria fue la decisión de compartir públicamente su relación con Calle. En aquel entonces recibieron múltiples advertencias que pronosticaban que ese paso podría afectar negativamente su carrera. Sin embargo, el resultado fue muy distinto. La respuesta del público fue una ola de apoyo que reafirmó el vínculo profundo que ya existía con su comunidad.
La relación con Calle, en realidad, había comenzado mucho antes de convertirse en un fenómeno digital. Se conocieron en un momento particularmente difícil para Poché, poco después de la muerte de su madre. “Calle fue como ese sol que yo no veía salir hace mucho tiempo, ella me reconectó con el disfrute, con reír de nuevo, y eso nos llevó a estar mucho tiempo juntas”, recuerda. Con el tiempo, la amistad se transformó en una relación sentimental y, paralelamente, en una sociedad creativa.

Cuando su presencia en redes comenzó a consolidarse, ambas enfrentaron un momento de incertidumbre. Sus planes originales eran distintos: Daniela pensaba estudiar en el exterior y Poché tenía la intención de seguir una carrera universitaria en artes. Sin embargo, el crecimiento del proyecto digital cambió el rumbo de esos planes. “La vida nos volvió socias, que creo que es lo mágico”.
A lo largo de los años, su carrera ha evolucionado hacia múltiples direcciones: libros, realities, proyectos audiovisuales y nuevas exploraciones creativas. Para Poché, ese proceso ha sido menos una estrategia calculada y más una búsqueda constante impulsada por la curiosidad.
Sin embargo, la visibilidad también trae consigo presiones particulares. La exigencia constante de reinventarse, de mantenerse relevante y de responder a expectativas externas llegó a generar momentos de agotamiento creativo. Durante uno de esos periodos atravesó una crisis personal marcada por desafíos relacionados con su salud mental y su relación con su propio cuerpo.
La terapia se convirtió en una herramienta fundamental para atravesar ese proceso. Hoy habla abiertamente sobre su importancia y sostiene que encontrar un espacio donde pudiera entenderse mejor a sí misma fue clave para recuperar el equilibrio.
A pesar de esas dificultades, también reconoce que muchas de las transformaciones más importantes de su carrera nacieron precisamente de esos momentos de cuestionamiento. La influencia que ha construido a lo largo de los años también implica una responsabilidad. Millones de jóvenes han crecido viendo su contenido, y muchas personas dentro de la comunidad LGBTQ+ han encontrado en su historia un espacio de representación. Para Poché, la clave siempre ha sido evaluar cada mensaje desde una pregunta sencilla: si aquello que comparte suma algo positivo.

Hoy su mirada vuelve nuevamente hacia el arte. Entre sus próximos proyectos está profundizar en la dirección audiovisual, la dirección de arte y el desarrollo de experiencias creativas que combinen distintos lenguajes.
Si algo ha aprendido en el camino es que la vida rara vez sigue un plan perfecto. Lo que comenzó como un canal de YouTube terminó convirtiéndose en una carrera, una comunidad y una plataforma que ha acompañado a toda una generación. Y aunque la incertidumbre siga siendo incómoda, también ha descubierto que muchas de las experiencias más extraordinarias nacen precisamente de aquello que nunca se planeó.
Dirección: David A. Rendón, Escrito por: Mariana Bechara Rodríguez, Fotógrafo: Jorge Duva, Video: Andres Fierro, Editado por: Juan Manuel Rivas, Digital Tech: Gazdigi, Maquillaje: Nanda Quero, Peinado: Gio Moros Miami, Estilismo: Gio Moros Miami & Saks Fifth Avenue, Locación: Esca Productions, Asistente de estilismo: Claudia Sánchez, Asistente de fotografía: Johan González Pérez


