Escrito por: Luisa Rangel, Fotografía: Yorch Sans, Grooming: Albina Nigalchuk, Locación: Ampersand Studios
Hijo de inmigrantes, con raíces profundamente ancladas en el sacrificio y el trabajo duro, Anthony llegó al mundo de la construcción no como una opción, sino como una extensión natural de su historia familiar. Su padre, un hombre de principios firmes y manos caleadas, fue quien lo llevó por primera vez a un sitio de obra, cuando apenas era un adolescente.

“En nuestra cultura, los niños van a trabajar con sus padres”, recuerda. Desde los 17 años, Anthony supo que esa mezcla de disciplina, estructura y visión podría convertirse en su camino. Con su hermano como aliado inseparable, fundó lo que hoy es Unitech Builders Corp, una empresa que no solo ejecuta proyectos; los piensa, los lidera y los entrega con la palabra como garantía.
La palabra. Para Anthony, ese valor intangible es la columna vertebral de su vida y su negocio. “Si te doy mi palabra, puedes dormir tranquilo”, dice con la firmeza de quien entiende que el respeto se construye, no se impone. Esa filosofía lo ha llevado a encabezar más de 40 proyectos de alto calibre en el sur de Florida, entre ellos complejos residenciales, desarrollos municipales y obras de infraestructura que han transformado el paisaje urbano de Miami.
Pero su historia no está hecha solo de concreto y acero. Está hecha de decisiones, muchas de ellas dolorosas, que ha tenido que tomar como líder. «No me gusta esconderme de los problemas», confiesa. En una industria donde los plazos se estrechan y las exigencias no esperan, ha aprendido que la honestidad, incluso cuando duele, es siempre el mejor cimiento. «Si no puedo estar mañana en tu proyecto, no te voy a mentir. Prefiero decirte la verdad hoy que fallarte mañana».

Esa coherencia entre lo que dice y lo que hace lo ha posicionado como una figura clave en la escena constructora de Miami. Y no solo por sus logros empresariales, sino por su capacidad de mantener intacto su compromiso familiar. Trabajar junto a su hermano, Gregory Gómez, durante décadas, sin fracturas ni egos, es prueba de que el éxito también puede construirse desde el afecto. “Es como un matrimonio. Cada uno tiene su camino, pero siempre nos apoyamos”.
A lo largo de 35 años de carrera, Anthony ha aprendido que el verdadero liderazgo no se trata de dar órdenes, sino de asumir responsabilidades. «Cuando hay un problema, yo soy el primero en estar ahí. Lo enfrento, lo cobro y lo resuelvo. Eso es lo que espera mi equipo y lo que merecen mis clientes». Esa actitud lo ha convertido en el recurso confiable de muchas instituciones, incluyendo el gobierno local, que recurre a él cuando los proyectos se complican.
Con una empresa en constante crecimiento, Anthony no ha perdido de vista la importancia de acompañar cada proyecto desde la primera línea en los planos hasta la entrega final. Le gusta involucrarse, caminar la obra, ver los detalles con sus propios ojos. «No se trata solo de construir. Se trata de entender lo que el cliente quiere y señalarle lo que realmente necesita», dice. Ese nivel de compromiso, inusual en una industria que suele delegar, ha sido clave para cimentar su reputación.
La exigencia de su ritmo profesional también ha significado renuncias personales. Anthony reconoce que el tiempo ha sido el recurso más escaso en su vida. Los fines de semana fueron jornadas laborales y las noches extensiones del día. Aun así, nunca perdió de vista el propósito: ofrecerles a sus hijas mejores oportunidades. Verlas crecer, formarse y asumir sus propios caminos ha sido su mayor recompensa. Hoy, sus tres hijas forman parte del campo de la medicina: dos son doctoras y una es enfermera. Crecieron siendo testigos de los sacrificios de su padre, lo que las inspiró a seguir carreras profesionales y construir su propio camino.

Detrás del casco de ingeniero hay también un hombre que encuentra refugio en el mar. Pescar en Islamorada o jugar golf se han convertido en sus rituales para desconectar de un ritmo laboral que no concede tregua. «El tiempo no existe cuando uno quiere lograr algo», dice. Y en su caso, lo ha demostrado.
En su concepto de éxito no hay cifras ni trofeos. Hay coherencia, hay sacrificio y hay comunidad. Para Anthony, influir es generar confianza, liderar con humildad y sostener un camino sin desviarse del eje familiar. Y si bien podría enumerar los metros cuadrados que ha transformado en Miami, prefiere hablar de lo intangible: el respeto ganado, la palabra cumplida, y el orgullo de que su apellido esté escrito en las estructuras que seguirán de pie mucho después de que las luces se apaguen.


