Escrito por: Mariana Bechara, Fotografía: Yorch Sans, Grooming: Gio Moros Miami, Locación: The Elser Hotel & Residences Miami
La influencia no está reservada exclusivamente para los grandes nombres. Es el resultado de una trayectoria construida con esfuerzo, años de disciplina y valentía para asumir los desafíos complejos que exige construir un camino propio. Este es la historia de Manuel Abud: mexicano de origen, formado en contabilidad y negocios, hoy una de las figuras más influyentes de la industria del entretenimiento latino. Su recorrido se construyó sobre una convicción aprendida desde la infancia: el carácter determina el destino.

Hablar del secreto detrás de su liderazgo implica inevitablemente volver al origen. Sus años de infancia, marcados por la presencia de sus padres, constituyeron su primera escuela. De su madre heredó la resiliencia; de su padre, una ética profesional rigurosa. “Yo trato de combinar esas dos”, explica.
Sus padres fueron, desde temprano, sus mentores para la vida. Esa combinación de firmeza emocional y rigor moral se convirtió en el cimiento de un valor que hoy define toda su visión de liderazgo: la integridad. No como concepto abstracto, sino como práctica diaria. “La integridad no es negociable”, ha afirmado en más de una ocasión durante nuestra conversación, convencido de que sin ella cualquier logro pierde sustancia.
Antes de asumir uno de los cargos más relevantes de la música latina, Abud ya había construido una impresionante hoja de vida: más de tres décadas de liderazgo en los medios hispanos de Estados Unidos, forjadas en escenarios exigentes que pulieron su criterio, su carácter y su visión estratégica. Su trayectoria es una sucesión de decisiones estratégicas en entornos complejos, donde aprender a leer contextos, gestionar personas y asumir riesgos resultó clave.
En ese recorrido entendió que el liderazgo no consiste en evitar el error, sino en saber responder cuando aparece. “Muchas veces aprendes más de los fracasos porque, como te duelen y te pegan, te la pasas revisando por qué fallaron las cosas”, reconoce. Incluso el éxito, para él, exige un examen minucioso. Comprender qué funcionó es tan importante como identificar lo que salió mal.
“Para realmente aprender de los éxitos tienes que buscar las formas en que sean repetibles y, para ello, tienes que analizar qué fue lo que te permitió tener ese éxito”, afirma, subrayando que los aciertos pueden ser tan formativos como los tropiezos.
Esa relación honesta con el error define su estilo. Abud no romantiza el fracaso, pero tampoco le teme. Cree en la responsabilidad que implica decidir y en la obligación de actuar. Para él, la inacción es la única falta imperdonable. Esta mentalidad lo ha llevado a asumir riesgos calculados y a impulsar transformaciones que exigen carácter, especialmente cuando se lideran instituciones con historia, peso simbólico y visibilidad global. Este fue el caso cuando lideró llevar la Entrega Anual del Latin GRAMMY a Sevilla en 2023.
Sin embargo, en su visión, el liderazgo se sostiene sobre una cualidad esencial y a menudo subestimada: la humanidad. “Tienes que tratar bien a la gente en tu camino hacia la cima, porque es la misma gente que te vas a encontrar de regreso. Yo soy creyente de tratar a la gente como a mí me gustaría que me trataran”. Esta filosofía, sencilla pero contundente, perfila a un líder guiado por un gran sentido de conciencia

Su llegada a La Academia Latina de la Grabación marcó un punto de inflexión, no solo en su carrera, sino también en la evolución de la institución. Dirigir una organización que representa a miles de creadores y a una comunidad que ha luchado por consolidar su lugar en la escena global implica un nivel de ética considerable. Abud asumió esa responsabilidad con plena conciencia de su alcance.
Desde esa posición, ha aprendido que la influencia institucional exige algo más que visión estratégica: demanda equilibrio emocional, escucha activa y una noción clara de límites. Abud ha desarrollado rutinas personales que le permiten mantener perspectiva, como sus caminatas matutinas, momentos de reflexión en los que organiza ideas y evalúa escenarios. Mantener la cabeza fría no es, para él, un recurso retórico, sino una disciplina deliberada.
Su lectura del panorama actual de la música latina es optimista. Observa con atención cómo el idioma dejó de ser una barrera y se convirtió en una fortaleza, cómo los artistas latinos hoy lideran conversaciones culturales a escala global. Para Abud, este momento histórico no es casualidad, sino el resultado de años de trabajo y persistencia. La música latina ya no pide permiso: ocupa su espacio con naturalidad. Y ese avance trae consigo una responsabilidad mayor para quienes tienen voz y plataforma.
Este crecimiento, lejos de ser espontáneo, también responde al trabajo estratégico que Abud ha impulsado desde la dirección de La Academia Latina de la Grabación. Bajo su liderazgo, la organización ha reforzado su misión de crear plataformas para los creadores de música y ampliar su visibilidad internacional. Para Abud, ver a los artistas latinos ocupar ese escenario global “es algo que a nosotros nos llena de orgullo porque, insisto, esa es nuestra misión: darles plataformas adicionales, apoyar su propuesta musical”, explica. Esto es una confirmación de que apoyar activamente su desarrollo no es solo una función institucional, sino una responsabilidad cultural.
Más allá de la celebración de la excelencia musical a través de la Entrega Anual del Latin GRAMMY, la mirada de Abud está puesta en lo que viene. Su liderazgo no se limita a reconocer el éxito consolidado. Para él, el impacto sostenido de La Academia Latina está en su capacidad de acompañar a quienes apenas comienzan. A través de la Fundación Cultural Latin GRAMMY, que otorga becas y apoyo formativo a jóvenes talentosos con escasos recursos económicos y de nuevas plataformas como el Best New Artist Showcase, Abud ha impulsado una estructura pensada para nutrir a los futuros creadores de música.
Como él mismo explica: “la idea es apoyar a los futuras super estrellas Latinas Y eso lo hacemos a través de varias funciones de la Academia…empezamos desde el inicio de sus carreras a apoyarlos con su educación”. En esa apuesta por el largo plazo se revela su carácter visionario: no solo celebra el presente de la música latina, sino que trabaja activamente para garantizar su futuro.
Mientras relata su historia, sorprende la sencillez con la que Abud ocupa el espacio. Habla sin adornos, con una amabilidad que se refleja en su mirada y una energía genuina que vuelve cercana una trayectoria extraordinaria. Ha transitado por múltiples escenarios profesionales y personales, y de cada uno ha extraído aprendizajes que refuerzan su sentido de propósito. Hoy lidera una institución con más de dos décadas de historia, un privilegio reservado a pocos. Sin embargo, cuando reflexiona sobre el legado que desea construir, evita los grandes discursos: no aspira a ser recordado por títulos o cifras, sino por haber mejorado los espacios que le fueron confiados.

Su filosofía es sencilla pero transformadora: dejar las cosas mejor de como las encontró. Esa idea atraviesa tanto su vida profesional como personal, y se traduce en asumir cada relación, proyecto y entorno como una oportunidad de aportar algo positivo. Ante la pregunta de cómo le gustaría ser recordado, su respuesta revela la profundidad de su ser. “Yo quisiera ser recordado como un hombre con integridad, con disciplina, con metas claras y con responsabilidad social”, dice.
Abud encarna una forma de liderazgo que nace de la integridad, se sostiene en la experiencia y se proyecta hacia el futuro con responsabilidad. Entiende que cada decisión tiene un impacto a largo plazo y en eso radica su misión: fortalecer estructuras, ampliar oportunidades y consolidar procesos que proyectan a la música latina en escenarios cada vez más amplios. Su recorrido es un ejemplo de que el verdadero liderazgo se mide por el bien que permanece cuando uno avanza.


