Escrito por: Luisa Rangel, Fotógrafo: Jorge Duva, Digital Tech: Gazdigi, Maquillaje y Peinado: Gio Moros Miami, Estilismo: Gio Moros Miami & Saks Fifth Avenue, Locación: Esca Productions, Asistente de estilismo: Claudia Sánchez, Asistente de fotografía: Johan González Pérez
Colombiana, criada en una familia donde la presencia femenina tenía peso propio, creció rodeada de mujeres que sostenían el hogar, tomaban decisiones, trabajaban, emprendían y encontraban maneras concretas de aportar a los demás. Mujeres de carácter fuerte, profundamente independientes, que entendían el trabajo como una forma de libertad y también de servicio. Y aunque en ese momento no lo pensara en esos términos, esa imagen de mujeres activas, capaces y visibles dejó una huella profunda en su manera de entender el mundo.

También fue una niña atravesada por la sensibilidad. Le gustaba el arte, el escenario, la expresión. Cantaba, tocaba instrumentos, hacía teatro, poesía, pintura. Con los años entendió que nada de eso había quedado atrás. Incluso en el mundo corporativo, esa intuición más sensible, más conectada con las personas y con lo simbólico, siguió acompañándola.
Su camino profesional, sin embargo, no fue lineal. Durante un tiempo creyó que lo suyo estaba en la ingeniería civil. Se imaginaba construyendo puentes, carreteras y obras inmensas, pero una conversación familiar la llevó a mirar hacia otro lado y a reconocer algo que tal vez ya estaba ahí: su facilidad para lo comercial, para los negocios, para entender cómo se mueve una idea y cómo se convierte en una estructura viva. Cambió de carrera, estudió administración de empresas y encontró un lugar más cercano a su naturaleza.
Desde entonces, su trayectoria ha estado marcada por decisiones valientes y por una rara capacidad de adaptación. Su paso por compañías globales, sus años en distintos países de América Latina y ahora en Estados Unidos, no hablan solo de crecimiento profesional; hablan de una mujer capaz de reconstruirse sin dejar de ser ella misma. Mudarse, empezar de nuevo, entender otras culturas, criar hijos en medio de esos cambios y seguir creciendo dentro del mundo corporativo exige confianza, flexibilidad y una idea muy clara de quién se es cuando todo alrededor cambia.

En eso, el equipo que ha construido con su esposo ha sido central. Para María Claudia, la familia no es un lugar fijo. Esa certeza le ha permitido tomar decisiones sin sentir que cada mudanza implica una pérdida. Más bien lo entiende como una expansión. Y esa forma de mirar la vida le ha permitido sostener un equilibrio poco frecuente: seguir apostándole a su desarrollo profesional sin renunciar a la maternidad, a la pareja ni a la experiencia profunda de vivir cada etapa con intensidad.
Hoy, desde Miami, María Claudia Garrido lidera el desarrollo del portafolio de whisky de Diageo en Florida, uno de los mercados más dinámicos para la industria de bebidas espirituosas en Estados Unidos. Su rol combina estrategia comercial y construcción de marca: impulsar el crecimiento del negocio mientras crea conexiones auténticas entre las marcas y los consumidores a través de experiencias, eventos y colaboraciones culturales. Es un trabajo que exige visión de mercado, sensibilidad para leer tendencias y una capacidad constante de innovar en una industria que evoluciona rápidamente. Parte de ese desafío consiste también en entender cómo cambian las audiencias, qué historias logran conectar con nuevas generaciones y cómo una marca puede construir relevancia cultural más allá del producto.
Para María Claudia, el liderazgo no se define por la autoridad sino por la influencia. Significa tomar decisiones que impacten el negocio mientras se construyen equipos sólidos y se escuchan las múltiples voces que participan en ese proceso. Cree que las mujeres aportan una sensibilidad particular para leer contextos, integrar perspectivas distintas y generar soluciones que beneficien a más personas. En su trabajo diario, esa mirada también se traduce en entender cómo conectan hoy las marcas con los consumidores, creando experiencias, eventos y conversaciones culturales que mantienen a las marcas relevantes en el mercado.
Cuando se le pregunta por el poder, lo entiende como la posibilidad de tomar decisiones que influyan positivamente en el rumbo de un proyecto y en la vida de quienes trabajan alrededor. Liderar, en su visión, es tener la capacidad de escuchar, integrar y construir.

Y cuando habla de éxito, su respuesta es aún más simple. No menciona títulos ni resultados financieros. Habla de paz. De llegar a casa tranquila, sabiendo que hizo las cosas bien y que dejó una huella positiva en las personas con las que se cruzó en el camino.
María Claudia Garrido pertenece a esa generación de mujeres que han aprendido a moverse entre múltiples mundos sin perder su centro. En su historia no hay una sola cima ni un único destino final. Hay algo más interesante: una mujer que ha entendido que crecer no significa dejar de ser quien es, sino ampliar constantemente la forma en que habita su vida, con curiosidad, disciplina y la convicción de que cada etapa también puede ser una oportunidad para seguir aprendiendo.


