Carlos Ponce & Karina Banda: Enamorados, en sintonía y rodeados de cuatro patitas

Hay personas que imaginan su camino mucho antes de descubrir cómo recorrerlo. Carlos Ponce y Karina Banda comparten esa inquietud por construir algo propio. Él ha explorado distintas facetas del entretenimiento sin perder la curiosidad ni el impulso de crear, mientras que Karina combina su labor como presentadora con una pasión compartida: los animales.

Ese amor por los animales también ha dado forma a su familia de maneras significativas. Tienen tres perros: Bruno, de cinco años, llegó desde México y se convirtió en parte de la vida que Carlos y Karina estaban construyendo juntos. Luego conocieron a Aşk, un perro callejero que los conquistó mientras trabajaban en Turquía. Decidieron rescatarlo y llevarlo a Miami. Aspen, un Gran Pirineo de casi tres años, llegó a su hogar temporalmente, pero pronto se robó sus corazones. Hoy, los tres forman parte de la familia y de esta edición de Imagen Miami.

Entre proyectos y nuevos comienzos, Carlos y Karina encuentran en el otro un compañero para los días intensos y los momentos sencillos. Sus historias celebran la curiosidad y aquello que da sentido a la vida cuando las cámaras se apagan.

Carlos Ponce: Una visión que sigue creciendo

Carlos Ponce ha recorrido las facetas del show business. Ha sido presentador, actor, cantante, productor y creador de proyectos que lo han llevado por distintos escenarios de la industria. Sin embargo, hoy sigue mirando hacia adelante con la misma inquietud de aquel joven de 17 años que comenzó frente a las cámaras: quiere seguir creando, explorar nuevos formatos y encontrar historias que todavía no ha contado.

Si algo lo define es que rara vez se conforma con hacer una sola cosa durante sus proyectos. Desde sus primeros pasos entendió que también podía proponer, aprender y participar detrás de escena.

A los 17 años comenzó a conducir Control, un programa que durante ocho años se convirtió en una plataforma importante para artistas hispanos emergentes en Estados Unidos. Con el tiempo, esa mirada amplia lo llevó a transitar entre la actuación, la música, la producción y el desarrollo de formatos.

Al mirar hacia atrás, su carrera no se percibe como un plan perfectamente trazado. Más bien, ha sido un camino en el que las oportunidades han ido apareciendo, y él ha sabido convertirlas, con iniciativa y trabajo, en nuevas posibilidades.

Esa versatilidad no ha apagado su impulso creativo. En los últimos años ha trabajado en varias películas que comienzan a llegar al público. Entre ellas está Perla, una producción puertorriqueña con distribución en salas de cine en Puerto Rico, Estados Unidos, México y Centroamérica. También está Hurricane Season, además de Ethan Bloom y Mercy Mercy Me, proyectos que forman parte de una etapa activa entre la actuación y la producción.

Su curiosidad va más allá del cine. Su participación en Top Chef VIP, por ejemplo, también respondió a un interés profesional: quería experimentar desde adentro la dinámica de una competencia para comprender mejor ese mundo mientras exploraba el desarrollo de otros formatos. Junto a su socio Manny Ruiz, cofundó Minivela TV, una compañía pionera en la creación de historias en formato vertical para el público hispano de Estados Unidos.

La empresa atrajo rápidamente a grandes marcas, recibió atención de medios nacionales y obtuvo reconocimiento en Cannes. Desde entonces, también se ha expandido hacia la producción de formatos de larga duración a través de su alianza con Pure Flix, con proyectos de entretenimiento basado en la fe dirigidos al público latino.

A esta faceta se suma Ponce-Sarnoff Media, su propia casa productora, fundada junto a su socia Cristina Sarnoff, desde donde continúa ampliando su trabajo detrás de cámaras. Además, sigue retomando una serie que lleva tiempo escribiendo.

Su manera de trabajar explica por qué sigue moviéndose entre disciplinas. No espera a que una etiqueta le marque los límites: si una idea lo entusiasma, busca cómo desarrollarla y qué puede aprender. Esa actitud le permite mirar la experiencia como una oportunidad para ampliar su oficio, aunque lo obligue a decidir dónde poner la energía. La experiencia le ha enseñado que no todo depende de acumular proyectos; importa lo que cada uno le permite descubrir.

Carlos lo cuenta con naturalidad, como si tener varios proyectos en la cabeza fuera lo más normal del mundo. El reto, admite entre bromas, es que quiere hacerlo todo y no siempre se le da bien delegar, organizar las fechas o cerrar una idea antes de empezar la siguiente.

Su creatividad corre más rápido que la agenda. Ahí aparece también Karina Banda, su esposa, quien lo ayuda a poner orden y con quien comparte conversaciones e ideas de trabajo.

Se conocieron en mayo de 2018. Carlos recuerda que empezó a seguirle la pista en redes sociales y que ella lo hizo esperar tres meses antes de aceptar una cita. Cuando finalmente lo llamó, él le dijo que estaba ocupado, pero el encuentro terminó dando inicio a una historia que ninguno de los dos imaginaba hasta dónde los llevaría. Años después, además de ser pareja, son grandes amigos, y esa complicidad se refleja en la manera en que Karina lo acompaña en medio de su ritmo de trabajo.

 “Hay muchas cosas que no termino. Y hago demasiadas cosas a la misma vez. Ella me dice: ‘Respira, cálmate. Aquí está tu maleta, aquí están tus cosas’. Y ella tiene el doble de cosas que organizar que yo, y me organiza las mías también”, cuenta entre risas.

Su definición del éxito también ha cambiado. Sigue siendo ambicioso: quiere llegar a nuevos públicos, probar otras ideas y construir oportunidades cuando no aparecen por sí solas. Pero hoy, cuando piensa en sus logros más importantes, habla de sus cuatro hijos, de que lo quieran y estén orgullosos de él, y de la armonía que ha conseguido construir con su familia.

“Estoy súper completo”, dice. Sus ambiciones siguen intactas, pero hoy reconoce el valor de la paz, el amor y la familia.

En ese sentido, el joven de 17 años sigue ahí. Permanece en la curiosidad, en las ganas de probar algo distinto, en la necesidad de proponer una idea más. La diferencia es que el hombre de hoy puede mirar todo lo recorrido sin sentir que debe detenerse ni demostrarlo todo otra vez. Carlos Ponce sigue creando porque todavía tiene historias por contar; ahora lo hace con la experiencia de quien ha caminado bajo todas las luces del show business y con la claridad de saber qué cosas hacen que el camino valga la pena.

Karina Banda: La niña que soñó con la televisión y aprendió a crear sus propias oportunidades

Karina Banda tenía cinco años cuando señaló el televisor y le dijo a su tío que quería estar ahí. No sabía todavía qué implicaba trabajar frente a una cámara, pero sí reconocía esa atracción que, con el tiempo, se convertiría en una carrera construida a fuerza de preparación, decisiones valientes y una voluntad constante de buscar oportunidades.

Sus padres tomaron en serio aquella ilusión. Con sacrificios, la acompañaron a escuelas, castings y audiciones; su madre estuvo a su lado en cada intento. A los trece años llegó su primera oportunidad en los medios: un programa de radio los fines de semana en Monterrey, su ciudad natal. Mientras todavía estudiaba, descubría un oficio que le enseñó a improvisar, escuchar y confiar en su voz. La radio, dice, fue una escuela que le dio herramientas que ninguna otra experiencia podía reemplazar.

Después estudió periodismo y comenzó a presentar un noticiero en Televisa Monterrey. Sin embargo, sentía que estaba lista para algo distinto. En vez de esperar a que alguien la descubriera, buscó su siguiente paso en internet. Escribió en Google que quería trabajar como presentadora de noticias en Univision, encontró una oportunidad, envió su currículum y su demo, y semanas después recibió una llamada.

La propuesta la llevó a Sacramento, California. Allí trabajó en noticias y ganó seis premios Emmy. A Miami llegó casi dos años después, cuando un productor con quien había trabajado en Sacramento, propuso a Karina para un casting de Sal y Pimienta. Ella viajó, hizo la prueba y consiguió el puesto. “Dios te va poniendo oportunidades, pero uno tiene que estar listo para aprovecharlas”, dice.

Esa disposición a probar distintas áreas la ha acompañado durante sus doce años en Univision. Pasó por El Gordo y la Flaca, el departamento de deportes y Enamorándonos, antes de llegar a Desiguales, donde comparte pantalla con Adamari López, Charytín Goyco, Amara La Negra y Migbelis Castellanos. Hoy siente que ha alcanzado una estabilidad profesional que durante mucho tiempo buscó, sin perder la disposición de aceptar nuevos retos y seguir aprendiendo.

Pero Karina no es únicamente la mujer que vemos frente a las cámaras. Cuando termina la jornada, prefiere estar en casa, descansar, comer tacos y compartir con sus perros. Se define como una persona tranquila y familiar, que aprovecha cualquier oportunidad para volver a México y estar cerca de los suyos. Esa faceta sencilla convive con una curiosidad creativa que la llevó a desarrollar uno de sus proyectos más personales: Vida de pelos.

El podcast nació mientras veía jugar a Bruno, Aşk y Aspen, sus tres perros. Quería crear un espacio distinto, no sumar otro programa a una oferta ya extensa. La idea tomó forma alrededor de las mascotas y de quienes las consideran parte de su familia.

También quiere que el proyecto ayude a generar conciencia sobre el cuidado responsable y la adopción. Para Karina, esta causa no es solo una idea alrededor de la cual construyó su podcast, sino una convicción que comparte con Carlos Ponce. El amor por los animales es parte de la vida que han construido juntos y una de las cualidades que más admira de su esposo.

Lo descubrió de una manera especial durante una grabación en Turquía, donde ambos trabajaban en un programa de televisión. Allí se encariñaron con dos perros callejeros y decidieron buscar la manera de llevarlos a casa. Finalmente, solo Aşk pudo viajar con ellos. Para Karina, aquel gesto refleja una sensibilidad que va más allá del cariño por los animales: suele fijarse en cómo una persona los trata para entender su calidad humana.

Esa afinidad compartida, dice, es una de las razones por las que se siente tan afortunada en su relación. Hoy, además de ser su esposo, es su amigo y uno de sus grandes apoyos. Ella admira su paciencia, su ética de trabajo y la manera en que la anima a creer en sí misma.

“He aprendido de Carlos a ser paciente, me ha enseñado con el ejemplo a no tomarme las cosas tan personales. Saber que él cree en mis proyectos y los apoya para mí es súper importante”.

Lo que más valora de la relación es la complicidad: comparten intereses, se apoyan en sus proyectos y suelen resolver los imprevistos sin convertirlos en conflictos. También agradece la familia que han construido juntos y el vínculo cercano y afectuoso que ha desarrollado con los hijos de Carlos.

Hoy, su energía está puesta en Desiguales y en hacer crecer Vida de pelos, hasta convertirlo en una comunidad que conecte a personas que aman y respetan a los animales. Desde aquella niña que señaló una pantalla hasta la periodista que hoy crea sus propias oportunidades, Karina conserva la misma certeza: saber lo que quiere importa, pero prepararse, trabajar y atreverse a dar el siguiente paso es lo que permite acercarse a ello.

Dirección: David A. Rendón, Escrito por: Mariana Bechara, Fotógrafo: Jorge Duva, Maquillaje y Peinado: Cesar Ferrette, Estilismo: Gio Moros Miami, Asistente de Fotografía: Andrés Beligoy, Digital Tech: Gazdigi