Angie Roque: “Si te lo propones, puedes hacerlo”  

A los 19 años Angie Roque salió de Bolivia convencida de que su nueva vida estaría en España, donde vivía su hermano mayor. Antes de llegar, hizo una breve escala en el sur de la Florida y conoció Miami, una ciudad que, sin saberlo, terminaría por cambiar el rumbo de su historia.  

Ocho meses después, decidió regresar. España no había logrado convertirse en el hogar que imaginaba; Miami, en cambio, seguía representando la posibilidad de empezar de nuevo. 

Como tantos inmigrantes, llegó con más preguntas que certezas. Probó distintos caminos, estudió, exploró varias profesiones y buscó durante años aquello que realmente la apasionaba. La comunicación, la administración médica y otros proyectos formaron parte de esa búsqueda. Ninguno terminó siendo definitivo, pero todos le dejaron aprendizajes que más adelante encontrarían sentido. 

Su vida también cambió con la maternidad. Después de formar una familia y atravesar un divorcio, volvió a empezar. Fue entonces cuando conoció a su actual esposo, quien trabajaba en el sector financiero, y descubrió el mundo del real estate. Aquella profesión reunía algo que había estado presente desde el inicio de su historia en Miami: la posibilidad de ayudar a otras personas a construir un nuevo capítulo. 

Para Angie, vender una casa nunca ha significado simplemente cerrar una transacción. Cada propiedad representa el lugar donde una familia iniciará una nueva etapa, criará a sus hijos o invertirá en su futuro.

Esa convicción ha definido su manera de trabajar desde el primer día. «Hago como si la casa la estuviera comprando yo», afirma. Y cuando un cliente aún no encuentra el lugar indicado, la respuesta nunca cambia: «Si no está feliz con la casa que está buscando, vemos cincuenta casas más». 

Esa forma de entender el oficio también explica por qué, después de casi quince años en la industria y más de seiscientas transacciones, la mayoría de sus clientes vuelve a buscarla. Algunos compran una segunda vivienda; otros, una propiedad para sus hijos o una nueva inversión. Para ella, la mejor recomendación nunca ha sido una campaña publicitaria, sino la confianza construida a lo largo del tiempo. 

Mientras Angie consolidaba su carrera, Miami también atravesaba una profunda transformación. La ciudad que la recibió como inmigrante comenzó a atraer cada vez más familias, inversionistas y emprendedores de todo el mundo. En ese crecimiento encontró el escenario perfecto para desarrollar una profesión que, más que vender propiedades, consiste en ayudar a las personas a encontrar un lugar para construir su futuro. 

Sin embargo, abrirse camino en el mercado inmobiliario no fue sencillo. Cuando comenzó, era una industria donde los hombres ocupaban la mayoría de los puestos de liderazgo y muchas mujeres debían demostrar el doble para ser tomadas en serio.

Angie recuerda esa etapa como un desafío constante, pero también como una oportunidad para confirmar que la perseverancia pesa más que los prejuicios. Con el paso de los años vio cómo esa realidad empezó a cambiar y hoy celebra que cada vez más mujeres lideren sus propias oficinas y construyan carreras exitosas dentro del sector.  

Ese compromiso con otras mujeres forma parte de su manera de entender el liderazgo. Actualmente dirige una oficina donde la mayoría de sus agentes son mujeres y dedica buena parte de su tiempo a entrenarlas y acompañarlas en sus primeros pasos. Sabe lo difícil que puede ser empezar cuando nadie está dispuesto a compartir su experiencia, por eso procura ofrecer el apoyo que a ella le habría gustado encontrar al comienzo de su carrera. «Que no tengan miedo», aconseja. «Si quieren empezar en el mundo del real estate, yo las voy a guiar.» 

Fuera de la oficina, el liderazgo también adquiere otra dimensión. Angie habla de su familia con la misma dedicación con la que habla de sus clientes. Es madre, esposa, empresaria y reconoce que sostener todos esos roles exige una disciplina casi militar.

Su rutina está organizada al detalle: agendas, listas de tareas, horarios y planificación hacen parte de un método que le permite equilibrar el trabajo con el tiempo para sus hijos. Entre sonrisas, cuenta que en casa la llaman «la sargenta», una descripción que asume con naturalidad porque entiende que la organización ha sido una de las claves de su crecimiento. 

Después de veintiséis años en Miami, sigue viendo en la ciudad el lugar donde miles de personas llegan buscando una oportunidad para empezar de nuevo, tal como ella lo hizo alguna vez. Por eso continúa creciendo junto a un mercado inmobiliario que evoluciona constantemente, explorando nuevos proyectos y acompañando a familias, inversionistas e incluso artistas que encuentran en Miami un lugar para construir patrimonio y estabilidad.

En el fondo, esa ha sido también su mayor contribución a la ciudad: ayudar a que quienes llegan con un sueño encuentren no solo una propiedad, sino un hogar desde donde comenzar una nueva historia. 

Escrito por: Mariana Bechara, Fotografía: Yorch Sans, Maquillaje: Gissell Uriarte, Peinado: Jorge Aviles ,Locación: Delano Sales Gallery