Hay ciudades que cambian tan rápido que resulta difícil reconocerlas. Miami, sin embargo, ha logrado un equilibrio poco común: reinventarse constantemente sin perder aquello que la hace única. Sus barrios evolucionan, nuevas industrias llegan y los mapas urbanos se transforman, pero sus raíces permanecen.
Para Manny Hoyos, esa capacidad de cambiar sin renunciar a la identidad no solo describe a la ciudad donde nació; también resume la manera en que ha construido su propia historia.

Hijo de padres cubanos que llegaron a Miami a finales de los años sesenta, Hoyos nació en una ciudad que nunca ha dejado de evolucionar. Recuerda cómo lugares como Wynwood, el Design District o Coconut Grove fueron reinventándose sin perder su esencia.
Su camino profesional tampoco siguió una línea preestablecida. Mientras estudiaba Arquitectura en Florida International University, descubrió casi por casualidad el mundo de la hospitalidad trabajando como bartender para costear sus estudios.
Lo que comenzó como un empleo temporal terminó despertando una vocación inesperada. Encontró en los restaurantes mucho más que un ritmo acelerado o una operación compleja: descubrió el valor de las relaciones humanas, del servicio y de la posibilidad de construir confianza a través de cada interacción.
Esa experiencia moldeó una forma de entender el liderazgo que todavía conserva. Antes de pensar en estrategias o resultados, aprendió a observar a las personas. Comprendió que los negocios, sin importar la industria, siempre terminan dependiendo de la calidad de las relaciones que logran construir quienes los integran.
En 2007, mientras esperaba el nacimiento de su segundo hijo, tomó una de las decisiones más importantes de su carrera. Las largas jornadas en los restaurantes le habían permitido crecer profesionalmente, pero también le estaban costando momentos irrepetibles junto a su familia. Fue entonces cuando decidió aceptar la oportunidad de incorporarse a Southern Glazer’s Wine & Spirits, convencido de que podía seguir desarrollándose dentro de la industria que amaba sin renunciar al equilibrio que buscaba para su vida.
Lo que comenzó como un cambio motivado por la familia terminó convirtiéndose en una trayectoria de casi dos décadas dentro de la compañía. A lo largo de esos años asumió distintos cargos comerciales y de liderazgo, pasando por equipos, mercados y responsabilidades cada vez más amplias. Sin embargo, más allá de los ascensos, lo que realmente transformó su manera de dirigir fue comprender que liderar no consiste en tener todas las respuestas.
Al principio de mi carrera pensaba que el liderazgo era tener las respuestas correctas. Con el tiempo entendí que se trata de hacer las preguntas correctas

En ese aprendizaje encontró una convicción que hoy guía sus decisiones: escuchar antes de intervenir permite comprender mejor los desafíos, reconocer nuevas posibilidades y construir equipos más preparados para crecer. Ese cambio de perspectiva también modificó sus prioridades. El éxito dejó de medirse únicamente por los resultados del negocio para empezar a construirse alrededor de las personas. “La gente necesita confiar en que vas a hacer lo que dices que vas a hacer”, explica. Para Hoyos, la confianza sigue siendo el activo más importante de cualquier organización.
Esa filosofía también ha acompañado su forma de observar la evolución de Miami. Desde la industria de la hospitalidad ha visto cómo la ciudad se ha convertido en un laboratorio constante de nuevas ideas, donde restaurantes, hoteles, conceptos gastronómicos y empresas encuentran un escenario dispuesto a reinventarse una y otra vez. En su opinión, Miami marca tendencias dentro de la industria de bebidas y hospitalidad precisamente porque reúne culturas, estilos de vida y consumidores profundamente diversos. Esa capacidad de adaptarse sin perder su esencia es, para él, una de las mayores fortalezas de la ciudad.
Al pensar en el futuro, reconoce que el crecimiento también plantea desafíos. Considera indispensable que Miami continúe expandiéndose sin perder la diversidad y la identidad cultural que la distinguen. “Las oportunidades son enormes”, asegura, pero insiste en que ese desarrollo debe seguir siendo sostenible e inclusivo para preservar aquello que ha convertido a la ciudad en un referente internacional.

Cuando habla de liderazgo, vuelve una y otra vez a la misma idea: la curiosidad. Cree que los mejores líderes son quienes preguntan, escuchan y se atreven a sentirse incómodos. Incluso defiende la vulnerabilidad como una fortaleza. “Cuando te permites ser vulnerable, empiezas a descubrir cosas que no sabías que podías hacer”, afirma.
Fuera de la oficina, encuentra el equilibrio en su familia. Su esposa, sus tres hijos y el tiempo compartido con ellos siguen siendo el recordatorio de por qué decidió cambiar el rumbo de su carrera hace casi veinte años. Aspira a ayudar a otros a convertirse en la mejor versión de sí mismos, convencido de que ese será siempre el mayor indicador de un buen líder. En muchos sentidos, esa filosofía refleja también la historia de Miami: una ciudad que nunca deja de crecer porque nunca deja de creer en el potencial de quienes la construyen cada día.
Escrito por: Mariana Bechara, Fotografía: Yorch Sans, Grooming: Gio Moros Miami


