Un pequeño felino de pelaje moteado, hallado en los bosques de Bolivia, acaba de convertirse en protagonista de uno de los descubrimientos zoológicos más llamativos de los últimos años. Se trata de Leopardus tilcayo, una nueva especie de gato silvestre que, según un estudio publicado este 17 de septiembre en la revista científica Current Biology, es el primer felino reconocido como una especie completamente nueva para la ciencia en más de un siglo.
El descubrimiento fue reportado originalmente por National Geographic, en un artículo del periodista Jason Bittel con fotografías y video de Joel Sartore para el proyecto National Geographic Photo Ark.

La historia comenzó en 2016, cuando la bióloga boliviana y exploradora de National Geographic Paola Nogales-Ascarrunz recibió una llamada de un refugio de fauna silvestre. Allí había llegado un animal que sus cuidadores describían simplemente como “un gato raro”.
El felino había sido encontrado cuando era apenas un cachorro por un hombre que lo llevó a casa pensando que se trataba de un gato doméstico. Después de aproximadamente un año, sin embargo, quedó claro que aquel animal era demasiado salvaje para vivir como mascota, por lo que fue trasladado al refugio Senda Verde, en la región boliviana de los Yungas.
Cuando Nogales-Ascarrunz lo vio por primera vez, algo llamó inmediatamente su atención. Tenía el rostro pequeño y compacto, orejas cortas y redondeadas, largos bigotes y un cuerpo cubierto de manchas similares a las de un leopardo. También era diminuto: el macho adulto mide aproximadamente 45 centímetros desde la cabeza hasta el final del cuerpo y pesa cerca de 1,4 kilogramos, menos que muchos gatos domésticos.
“Tomé cien fotografías de él. Estaba fascinada”, recordó la científica a National Geographic.
En ese momento, Nogales-Ascarrunz pensó que se trataba de un Leopardus tigrinus, conocido como gato tigre, oncilla o tigrillo. La especie había sido descrita en 1775 y durante mucho tiempo se asumió que se extendía por buena parte de América Central y del Sur, incluida Bolivia.
Pero en 2019, mientras preparaba un folleto sobre los felinos de Bolivia, la investigadora volvió a mirar las fotografías. El patrón de manchas del animal no coincidía con las imágenes de referencia de ejemplares de Brasil. En particular, las rosetas de aquel gato eran considerablemente más grandes.
La respuesta llegó años después gracias a avances en el análisis genético. Nogales-Ascarrunz trabajó junto al genetista Eduardo Eizirik, de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande do Sul, en Brasil, y Jonas Lescroart, de la Universidad de Amberes, para comparar el genoma del misterioso felino con el de otros animales del género Leopardus.
El equipo analizó los genomas completos de 38 individuos y encontró que aquel ejemplar pertenecía a una línea evolutiva distinta. Según sus resultados, Leopardus tilcayo se separó de los demás gatos tigre hace aproximadamente 1,4 millones de años, una distancia evolutiva comparable, según los investigadores, con la existente entre los leones modernos y los extintos leones de las cavernas.
El nombre tilcayo proviene de la manera en que las comunidades locales conocen tradicionalmente a estos animales. Cuando los científicos preguntaron por el significado de la palabra, la respuesta fue bastante sencilla: los habitantes explicaron que sus abuelos los llamaban así y que ellos habían continuado utilizando el nombre.
Por ahora, los investigadores saben que L. tilcayo habita en la ecorregión de los bosques de Yungas, en la vertiente oriental de los Andes bolivianos. Pero gran parte de su vida sigue siendo un misterio. No se conoce con precisión qué come, cuáles son sus principales depredadores, cómo se reproduce ni cuántos ejemplares existen en estado silvestre.
Este descubrimiento, entonces, podría tener consecuencias importantes más allá de la taxonomía. Los análisis genéticos también están transformando la comprensión científica de otros pequeños felinos.
Lo que anteriormente se consideraba una sola especie de gato tigre ahora se entiende como un complejo de especies. Estudios anteriores ya habían separado algunas poblaciones genéticamente distintas, y el nuevo trabajo eleva a cinco el número de especies de gatos tigre reconocidas por los investigadores.
Los científicos también creen que otros felinos pequeños podrían esconder una diversidad similar. James Sanderson, fundador de la Small Wild Cat Conservation Foundation y miembro del grupo de especialistas en felinos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), señaló a National Geographic que los resultados incluso plantean la posibilidad de que lo que actualmente se considera una sola especie de margay pueda corresponder en realidad a varias especies distintas. Otros investigadores, como Eizirik, consideran que hacen falta estudios genéticos más específicos antes de llegar a esa conclusión.
La posibilidad de identificar más especies también tiene implicaciones para su conservación. Si una población que antes se consideraba parte de una única especie resulta pertenecer a varias especies diferentes, cada una tendrá que evaluarse por separado en términos de distribución, tamaño poblacional y nivel de amenaza.
En el caso de Leopardus tilcayo, esa evaluación todavía no puede hacerse con precisión porque los científicos ni siquiera saben cuántos ejemplares viven actualmente en libertad.
Para Nogales-Ascarrunz, sin embargo, el hallazgo representa también un recordatorio de cuánto queda por descubrir. Aunque la descripción de nuevas especies ocurre con frecuencia en grupos como los insectos y los microorganismos, encontrar un nuevo miembro de la familia de los felinos resulta mucho más inusual.
“En los gatos también hay cosas ahí afuera que todavía no han sido descritas, cosas que la gente aún no ha encontrado”, dijo la científica a National Geographic. “Así que salgamos a encontrarlas y a protegerlas”.


